¡Cálmese! ¡Quieto!, notas predicación

domingo, 2 de mayo de 2021


Alguna vez preguntamos si se podía imaginar estar en la presencia de nuestro Señor de manera permanente y cómo recordaría esa experiencia. Y, pensando mas al respecto, creo que no solo @claypots.we.are lo ha deseado. A través de la historia,  este sentimiento y pensamiento es lo que en algún momento ha motivado a no desistir en la ardua tarea de predicar el evangelio a los hombres que han servido a Dios. Pero antes de que aparecieran los grandes hombres que conocemos en la biblia como los apóstoles, Jesús los llamo discípulos y estos eran sencillos, con defectos e inseguridades, como nosotros.

Si buscamos en la biblia nos encontraremos el pasaje de Marcos capítulo cuatro, donde podemos leer cómo era pasar un día con Jesús. Leemos que le predicaba a las multitudes, en esa ocasión desde una barca, no habiendo espacio donde poner pie, mientras sus discípulos le acompañaban. Ese día predicó cuatro parábolas (narraciones simbólicas con una enseñanza), aunque podríamos pensar que esto era una tarea sencilla, seguramente esto le consumiría todo el día, entre pláticas y explicaciones. Los temas fueron:
  • La parábola del sembrador. (Marcos 4: 3)
  • La lámpara debajo de una cesta o cama. (Marcos 4: 21)
  • La siega por venir. (Marcos 4: 26)
  • La semilla de mostaza. (Marcos 4: 30)
Y allí se encontraba Jesús esforzándose, quizá con el sol encima, haciendo equilibrios en la barca y hablando muy fuerte para que lo escucharan los que se encontraban mas atrás, sudando la gota gorda. Mientras sus discípulos escuchaban, y de muy buen ánimo, atentos para no perderse este «maratón» de enseñanzas.

Estuvieron no solamente un día en la presencia del Señor, sino que lo acompañaron por aproximadamente por tres años. En esa etapa ellos experimentarían felicidad, gozo y pocas preocupaciones. La vida cristiana en alguna etapa puede llegar a ser así, todo se trata de Cristo, la salvación y el gozo. Estamos dispuestos a predicar la palabra hasta lo último de la tierra; sentimos seguridad en todo momento porque Jesús está a nuestro lado. Pero un día, este mismo Jesús que nos hace sentir plenos y sin temor alguno, nos dice: «pasemos al otro lado». Veamos el siguiente versículo:

Marcos 4: 35 Palabra de Dios para Todos (PDT)
35 Al atardecer de ese mismo día, Jesús les dijo a sus seguidores: —Crucemos al otro lado del lago.


Observe que está escrito que se dirigió a sus seguidores y no a la multitud, esta no era una invitación abierta. Existe una invitación especial para quienes siguen a Jesús en la calma y mientras todo parece ir bien. Porque, aunque en tu vida todo marche de maravilla y tu relación con Dios se encuentre en orden, aun hay mucho más a donde ir. El ministerio de Jesús no estaba limitado a compartir tan solo cuatro parábolas a las multitudes y luego ir a buscar la cena. El deseo de Jesús era compartir tiempo con sus seguidores. Y compartir tiempo con alguien no está restringido a tan solo los tiempos buenos y de felicidad, esto es algo que aprenderían ese día los discípulos.

Entonces estando junto con otras barcas de seguidores decidieron cruzar. Veamos los siguientes versículos:

Marcos 4:37-38 Palabra de Dios para Todos (PDT)
37 Entonces se desató una terrible tormenta y las olas azotaban tan fuerte la barca que este se inundaba. 38 Pero Jesús estaba durmiendo en la parte de atrás recostado sobre una almohada, así que lo despertaron y le dijeron: —Maestro, ¿no te importa que nos vayamos a ahogar?


¿Puede imaginarse esta escena en que el agua se mete a la barca?¿Puede pensar en las olas, los relámpagos y el movimiento brusco de la barca? Alguna vez en lo personal me tocó experimentar una pequeña tormenta en un bote turístico y, ya que no soy hombre de mar, me asombró mucho el poder de las olas. Pero de entre quienes acompañaban a Jesús, varios eran pescadores de oficio y seguramente en más de una ocasión habrían sentido oleaje alto y alguna tormenta en sus pescas. De tal manera que la situación de ese instante era algo que ellos, con su experiencia, reconocían como una muy mala situación.

Los discípulos que habían abandonado sus redes para seguir al Señor, desde ese entonces habían experimentado un amor y gozo que daba la misma protección de caminar a su lado. Pero ahora, por escuchar sus palabras y obedecerle, aparentemente estaban a punto de morir. Y es que, es de entenderse que,  el caminar con Jesús y atender a sus peticiones hará que en ocasiones nos tengamos que mover de un situación muy cómoda a una de la que no tengamos el control, aunque seamos personas experimentadas en esa área como lo eran los discípulos en el mar.

Los problemas que surgen en la vida son para creyentes y no creyentes, pero la forma en que los enfrentamos dependerá de nuestra madurez y relación con Dios. Está claro que antes de salir en las barcas a cruzar el lago, Jesús sabía que ocurriría una tormenta. En la versión de la biblia que estamos leyendo esta semana, nos encontramos que «Jesús llevaba una almohada». En realidad no sabemos si esta se encontraba en la barca, pero no deja de ser interesante imaginárselo tratando de descansar un poco mientras esperaba a que le despertaran.

Las tormentas a nuestra vida van a llegar de un momento a otro sin importar cuánto oremos, ayunemos o cantemos salmos. Pero el resultado de nuestro caminar con Dios se verá precisamente en la tormenta. Quizá Jesús les estaba haciendo un examen a los discípulos para que ellos mismos midieran su aprendizaje. Hoy en día también para el creyente hay pruebas que llegaran para comprobar nuestra fe por medio de nuestras acciones en respuesta. Ante los problemas hay quienes sienten que se ahogan y que van a morir, no encuentran la salida, entran en desesperación, experimentan angustia, toman malas decisiones y creen que el fin les ha llegado. Veamos el siguiente versículo:

Marcos 4:39 Palabra de Dios para Todos (PDT)
39 Entonces Jesús se levantó, regañó al viento y le ordenó al mar: —¡Cálmese! ¡Quieto!
  • Para el no creyente el fin es donde termina su voluntad y sus fuerzas.
  • Para el creyente no hay fin, todo siempre dependerá de la voluntad y gracia de Jesús.
Jesús es quien nos invita a cruzar al otro lado del lago por medio de la fe, aunque lleguen adversidades en la vida. Él nos acompaña en todo momento, aunque por momentos parezca que está dormido. Sin importar qué tan fuerte sea la tormenta en nuestra vida, él tiene las últimas palabras «¡Cálmese! ¡Quieto!»

Cuando actuamos en obediencia a Dios, podemos mantenernos confiados durante la tempestad. Y es precisamente en esos momentos en los que parece que no hay salida, cuando se demuestra nuestra fe. Para quienes hemos creído en un Dios todopoderoso, no hay lugar para la desesperanza. No permita que lo que sus ojos perciben sea lo que determine el rumbo y alcance de su vida. No le dé el control al miedo volviendo atrás cada que una situación incómoda se presente. Avance con la seguridad de que Jesús lo acompaña, de que es fiel y él mismo le dará el poder para caminar más allá de sus fuerzas.

#biblia #lifestyle #inspiration #quotes #photooftheday #versiculos #versiculodeldia #evangelio #predicacion @claypots.we.are

Buscar un tema

Entradas populares

Archivo historico

2 Corintios 4:7 (TLA)

Tenemos este tesoro en vasijas de barro para demostrar que este extraordinario poder que obra en nuestra vida no viene de nosotros, sino de Dios.

Redes sociales

Enlace para tu celular