La fe que no se rinde, Notas de predicación.
domingo, 3 de mayo de 2026
Hoy hablaremos de una madre en la Biblia de la cual sabemos poco, pero cuya fe tiene mucho que enseñarnos. Su historia aparece en el Evangelio de Mateo 15:21–28, y también es relatada en el Evangelio de Marcos 7:24–30.
Esta mujer tuvo un encuentro con Jesús que, en un principio, podría parecer poco alentador. No fue una conversación fácil, ni una respuesta inmediata. Sin embargo, su persistencia dejó una enseñanza que ha trascendido generaciones.
A veces pensamos que la fe se demuestra en momentos de tranquilidad, pero muchas veces es en medio de la dificultad donde realmente se revela lo que hay en nuestro corazón.
Primera parte: Cuando la necesidad supera lo cotidiano
En este texto encontramos a una madre que, como muchas otras, seguramente enfrentaba las responsabilidades cotidianas: el hogar, las necesidades básicas, el cuidado de su familia.
Según las Escrituras, era una mujer cananea (Mateo 15:22) y sirofenicia (Marcos 7:26), es decir, una gentil de cultura griega. Para el pueblo de Israel, los gentiles eran considerados paganos, es decir, personas que no adoraban al Dios verdadero, sino a otros dioses (ver Levítico 18:3; Salmos 96:5).
Esto la colocaba en una posición social y espiritual distante del pueblo judío.
Pero más allá de su origen, hay algo que la define: era madre.
Cuando los hijos son pequeños, los desvelos son constantes. Hay noches sin dormir, preocupaciones por la salud, por su alimentación, por su bienestar. Muchas veces los niños no pueden expresar lo que sienten, y los padres deben aprender a interpretar sus necesidades.
¿Cuántas madres saben lo que es no cerrar los ojos por cuidar la fiebre de un hijo?
Todo lo que ocurre en la vida comienza a girar alrededor de ellos.
Sin embargo, surge una pregunta importante:
- ¿Cuántas madres se preocupan no solo por lo físico, sino también por la condición espiritual de sus hijos?
- ¿Estamos atentos únicamente a lo visible, o también a lo eterno?
Esta mujer entendió que el problema de su hija iba más allá de lo natural (Mateo 15:22).
Segunda parte: Cuando la fe es probada, pero no se detiene
Las madres suelen preocuparse por muchas cosas: qué comen sus hijos, cómo visten, en qué escuela estudian, con quién se relacionan. Pero hay una realidad que muchas veces se ignora: la existencia del mal espiritual. La Biblia habla claramente de Satanás como un adversario real (ver 1 Pedro 5:8).
En nuestros días, el enfoque suele estar en lo físico y tangible. Sin embargo, hay momentos en los que la necesidad espiritual se hace evidente.
Esta madre llevó su problema a Jesús.
Y aquí surge una pregunta clave:
- ¿Sabemos dónde buscar ayuda cuando enfrentamos situaciones que nos superan?
Para llegar a Jesús, esta mujer primero tuvo que haber oído de Él. La fe no surge de la nada; se alimenta de lo que escuchamos (ver Romanos 10:17).
Posiblemente, ella había escuchado cosas como:
- Que Jesús sanaba enfermos (Mateo 14:14)
- Que tenía autoridad sobre los demonios (Marcos 1:34)
- Que respondía a los necesitados (Mateo 11:28)
- Que mostraba compasión por las multitudes (Mateo 9:36)
- Que no rechazaba a quienes se acercaban con fe (Juan 6:37)
Sin embargo, cuando finalmente se encuentra con Él, la respuesta no es inmediata.
Jesús no le responde al principio (Mateo 15:23).
Los discípulos quieren despedirla.
Y luego, la respuesta parece dura (Mateo 15:26).
Todo parecía indicar que debía rendirse.
Pero esta mujer no se detuvo.
Persistió. Insistió. Se humilló (Mateo 15:27).
Aquí hay algo digno de notar: no solo pidió ayuda, sino que lo hizo con una actitud correcta.
- ¿Qué hacemos cuando Dios no responde de inmediato?
- ¿Nos alejamos o perseveramos?
Tercera parte: Cuando la fe perseverante recibe respuesta
No sabemos con certeza por qué Jesús permitió esta situación. Pero sí sabemos el resultado.
En Mateo 15:28 Reina-Valera 1960 (RVR1960) leemos:
“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.”
Jesús no solo respondió, sino que destacó algo extraordinario: su fe.
Una mujer puede ser admirable por muchas razones, pero la entrega de una madre por sus hijos revela una profundidad única en el corazón humano.
Esta mujer no tenía una posición privilegiada, ni conocimiento religioso destacado, pero tenía algo que marcó la diferencia: una fe que no se rindió.
La oración de una madre por sus hijos no pasa desapercibida delante de Dios (ver Santiago 5:16).
Imaginemos por un momento el impacto que tendría en el mundo si más madres oraran con esa misma fe, con esa misma persistencia, con ese mismo enfoque espiritual.
Conclusión: Una fe que actúa, no se detiene
La historia de esta mujer nos recuerda que la fe verdadera no siempre recibe respuestas inmediatas, pero tampoco se rinde ante el silencio o la dificultad.
Nos enseña que:
- La necesidad espiritual es real
- Jesús es la fuente correcta de ayuda
- La perseverancia es parte de la fe
Hoy, la invitación es clara:
- ¿Estamos llevando nuestras necesidades a Jesús?
- ¿Estamos intercediendo por nuestros hijos, no solo en lo físico, sino también en lo espiritual?
Porque al final, no se trata solo de conocer esta historia…
sino de vivir una fe que, como la de aquella madre, no se detiene hasta encontrar respuesta en Dios.
Hebreos 10:36 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
36 porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
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