Cuando Nuestra Presencia Hace la Diferencia: Notas de predicación
domingo, 27 de septiembre de 2026
Introducción
Hoy nos toca abordar un tema que nos apasiona y que tiene que ver con aquella gente que no provoca indiferencia; personas que se convierten en agentes de cambio y cuya sola presencia produce algo a su alrededor. Esto puede entenderse como liderazgo, influencia o simplemente como la capacidad que algunas personas tienen para transformar el lugar donde se encuentran.
Al analizarlo más detenidamente, nos encontraremos con que hay quienes influyen de manera positiva y otros de manera negativa. Algunos parecen llegar a un lugar y traer consigo tranquilidad, mientras que otros parecen encontrar problemas hasta donde no los había.
Platicábamos recientemente en una reunión que algunas personas son como “imanes” de bendición, mientras que a otras parece seguirles toda clase de desgracias y, de alguna manera, terminan arrastrando a más gente con ellas. El conflicto parece convertirse en su compañero inseparable.
Pero muchos amamos vivir en tranquilidad y deseamos igualmente tener una familia en orden, un trabajo estable y una vida donde podamos dormir por las noches sin preguntarnos qué problema tendremos que resolver al día siguiente.
Sin embargo, en las Escrituras nos encontramos con Pablo, un hombre cuya presencia difícilmente podía pasar desapercibida. Sabemos que fue perseguidor de los primeros cristianos antes de su encuentro con Cristo, que después se convirtió en uno de los principales anunciadores del evangelio entre los gentiles y que tradicionalmente se le atribuyen trece cartas del Nuevo Testamento.
Pero hay otro aspecto de Pablo que vale la pena señalar: cuando predicaba, la gente no quedaba indiferente. Algunos recibían el mensaje, creían y comenzaban a seguir a Cristo; otros reaccionaban con oposición y, en más de una ocasión, aquello terminaba en problemas para Pablo y quienes estaban con él.
En Tesalónica, por ejemplo, algunos creyentes fueron acusados de haber trastornado el mundo y de anunciar que había otro rey, Jesús. El resultado fue un alboroto en la ciudad. (Hechos 17:1-10)
En Éfeso ocurrió algo parecido cuando la predicación de Pablo afectó los intereses económicos relacionados con el culto a Diana y se produjo un gran disturbio. (Hechos 19:23-34)
Podríamos decir, con un poco de humor, que Pablo tenía una capacidad extraordinaria para hacer que las cosas sucedieran: en algunas ocasiones predicaba y la gente terminaba alabando a Dios; en otras, predicaba y alguien terminaba organizando un alboroto. Y en nuestro pasaje de hoy, Pablo está en prisión.
No era precisamente el lugar que cualquiera de nosotros escogería para tener una experiencia espiritual.
Hoy estaremos meditando sobre cómo nuestra presencia puede influir en quienes nos rodean, cómo podemos permanecer firmes cuando las circunstancias son difíciles y cómo Dios puede utilizar un momento que parece equivocado para llevarnos exactamente al lugar donde alguien necesita escuchar el evangelio.
Para mayor entendimiento, sugerimos leer en las Escrituras Hechos capítulo 16, especialmente los versículos 25 al 34.
Primera Parte: Orar antes de que llegue la necesidad
Nos encontramos con dos hombres que, aun en medio de una situación complicada, encontraron tiempo para orar. Me refiero a Pablo y Silas.
En la iglesia moderna y muy actual recibimos constantemente personas que acuden para que oremos por ellas. Cuando se trata de nuevos creyentes, esto es perfectamente entendible. Necesitamos acompañarlos, enseñarles y ayudarlos a crecer.
Pero aquellos que ya tenemos tiempo en este andar también podemos pedir oración y, al mismo tiempo, deberíamos aprovechar nuestro tiempo para orar por otros.
Hay quienes no pueden dar un paso fuera de casa sin consultar al pastor: qué color de tenis deben usar el lunes, cuál deben usar el martes y, si todavía queda algo de tiempo, quizá también quieran que el pastor les organice la comida balanceada que llevarán al trabajo. Y si está por nacer un hijo, quizá solo falte preguntar:
- “Pastor, ¿usted cómo cree que deberíamos llamarlo?”.
Esto puede parecer gracioso, pero detrás de la exageración existe un problema real: una persona puede llegar a depender tanto de otro creyente que termine esperando que alguien más tome por ella decisiones que debería aprender a llevar delante de Dios.
La oración es normal cuando aparece una necesidad. Pero sería mucho mejor que el creyente no tuviera que esperar a que aparezca la tragedia para comenzar a orar.
Veamos el siguiente versículo:
1 Tesalonicenses 5:17 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
17 Orad sin cesar.
Pablo no presenta la oración como una actividad exclusiva para los momentos de emergencia. La oración debe formar parte de nuestra vida.
Y eso nos ayuda a comprender lo que ocurre en Hechos: (Hechos 16:25-34)
Hechos 16:25 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían.
No estaban en un templo cómodo. No estaban en una reunión preparada especialmente para ellos. Estaban en una cárcel, después de haber sido golpeados y encarcelados por causa de su predicación. Y a medianoche estaban orando.
Orar de madrugada puede resultar agotador después de un día de mucho trabajo. Pero necesitamos entender que los tiempos cambian y debemos responder a la necesidad real del momento. Algunos quieren pensar que es más espiritual orar de madrugada simplemente porque Jesús lo hacía en determinados momentos.
Sin embargo, Jesús tenía sus propias razones para apartarse a orar. La espiritualidad no consiste en copiar horarios sin comprender el propósito que existe detrás de ellos.
Si no comprendemos por qué hacemos ciertas prácticas, podemos terminar practicando religión sin vivir una relación real con Dios.
La religión, por sí misma, no es presentada en las Escrituras como algo necesariamente malo. Santiago incluso habla de una “religión pura y sin mácula” (Santiago 1:27) cuando se refiere a una fe que se expresa en acciones concretas y en una vida apartada de la maldad.
Dios puede trabajar en un día soleado y también a medianoche. Puede escuchar nuestra oración en la mañana, durante el trabajo o cuando estamos cansados y afligidos.
Cuando surge la necesidad de orar, Dios está listo para escucharnos. No siempre será necesario esperar a que otro lo haga por nosotros ni anunciar públicamente que vamos a orar.
- Hay personas que necesitan ver nuestra fe mucho más que escuchar constantemente que tenemos fe.
Segunda Parte: Alabar cuando las circunstancias no ayudan
Pablo y Silas cantaban himnos a Dios en un momento bastante complicado para ellos.
- Hoy en día la gente le canta al amor cuando está enamorada y algunos sacan una guitarra y hasta encuentran un tequila cuando se sienten abandonados. Pero Pablo y Silas estaban cantando en una cárcel.
Muchas cosas nos pueden afligir porque somos humanos y no sandías. Podemos sentirnos heridos, abandonados, cansados o incluso deprimidos, aun cuando creemos que estamos haciendo lo correcto.
- Pablo y Silas habían seguido el llamamiento de Dios y, como resultado, estaban golpeados y encarcelados.
Sin embargo, encontraron tiempo para alabar a Dios.
- No estaban cantando una “queja-banza”. No estaban diciendo: “Señor, mira todo lo que hemos sufrido por tu culpa”. Estaban alabando a Dios desde el lugar donde se encontraban.
Seguir a Dios de la manera correcta no significa que siempre obtendremos los resultados que nosotros queremos. También significa confiar en que Dios puede responder de una manera que no siempre nos agradará.
Esto podemos verlo incluso en Jesús.
- En el huerto de Getsemaní, Jesús pidió al Padre que, si era posible, pasara de Él aquella copa. Pero inmediatamente sometió su deseo a la voluntad del Padre.
Mateo 26:39 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
- Jesús oró y aun así enfrentó el arresto, los azotes, la crucifixión y la muerte.
Esto nos enseña algo importante: la oración no siempre tiene como propósito cambiar las circunstancias. Algunas veces Dios cambia las circunstancias, pero otras veces la oración nos prepara para atravesarlas confiando en Él.
- Pablo y Silas no sabían lo que ocurriría unos minutos después.
Ellos simplemente estaban haciendo lo que podían hacer en ese momento: orar y alabar.
Y mientras ellos cantaban, otros escuchaban.
Quizá algunos presos nunca habían escuchado una alabanza dentro de una cárcel. Quizá esperaban escuchar quejas, insultos o desesperación. Pero escucharon a dos hombres que, aun sufriendo, seguían hablando con Dios.
- Nuestra conducta cuando las cosas salen mal puede decir mucho más de nuestra fe que nuestra conducta cuando todo está funcionando perfectamente.
Tercera Parte: El lugar donde estamos puede ser más importante de lo que imaginamos
Una situación difícil a la que nos ha llevado practicar nuestra fe también puede llevarnos al lugar donde era necesario llegar para que otra persona sea alcanzada.
- Nos encontramos nuevamente con Pablo y Silas en la prisión.
- De repente ocurre un terremoto. Las puertas se abren y las cadenas se sueltan.
- La oportunidad de escapar parece haber llegado.
Y aquí debemos tener cuidado, porque somos expertos en interpretar cualquier circunstancia favorable como una señal divina.
- “Se abrió la puerta; seguramente Dios quiere que salga”.
Y si además encontramos dos billetes tirados en el pasillo, entonces ya no queda ninguna duda:
- “Dios también proveyó”.
Pero una puerta abierta no siempre significa que debamos cruzarla.
El terremoto abrió las puertas, pero Pablo y Silas permanecieron allí.
El carcelero despertó y, al ver las puertas abiertas, pensó que los presos habían escapado. Según la práctica romana de la época, un carcelero podía enfrentar consecuencias extremas si perdía a sus prisioneros. Por eso pensó que todo estaba perdido. El relato dice que tomó su espada con intención de quitarse la vida.
Entonces Pablo gritó:
Hechos 16:28 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
Pensemos por un momento en lo que el carcelero debió haber pensado.
- Las puertas estaban abiertas.
- Los prisioneros podían escapar.
- La noche era perfecta para desaparecer.
Y Pablo dice:
“Todos estamos aquí”.
Aquello cambió completamente la situación.
El hombre que probablemente pensaba que iba a morir terminó preguntando algo que quizá nunca habría preguntado en circunstancias normales:
Hechos 16:30 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
En relación con quiénes somos nosotros en este mundo y lo que nos encontramos haciendo, quizá deberíamos considerar que Dios puede utilizar nuestra presencia en lugares y momentos que nosotros no habríamos escogido.
- Somos la pareja de alguien por algún motivo.
- Somos los padres de alguien por algún motivo.
- Somos los hijos de alguien por algún motivo.
- Somos el maestro de alguien por algún motivo.
- Somos el médico de alguien por algún motivo.
- Somos compañeros de trabajo de alguien por algún motivo.
Y somos la iglesia para alguien por algún motivo.
No sabemos siempre qué acontecimiento está esperando suceder alrededor de nosotros.
Pablo y Silas probablemente no llegaron a aquella prisión pensando: “Hoy vamos a conocer al hombre que nos hará esta pregunta”.
Pero llegaron.
Y cuando llegó el momento, estaban allí.
- Dios puede colocarnos en un lugar que no entendemos para que seamos parte de algo que todavía no podemos ver.
Cuarta Parte: La Pregunta Que Esperaba Una Respuesta
Pablo y Silas necesitaban estar en el lugar y momento adecuado para responder una pregunta que quizá nunca se habría hecho en circunstancias normales.
El carcelero preguntó:
“¿Qué debo hacer para ser salvo?”
Y aquí vale la pena detenernos.
El hombre acababa de pensar que los presos habían escapado y que su propia vida estaba en peligro. Sin embargo, la pregunta que hace no se limita a cómo evitar la muerte física. La respuesta de Pablo muestra que la conversación se dirige hacia la salvación en Cristo.
Veamos el siguiente versículo:
Hechos 16:30-31 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
Pablo y Silas no le respondieron con una lista interminable de requisitos.
Le hablaron de Cristo.
Y el relato continúa diciendo que le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Después, el carcelero atendió las heridas de Pablo y Silas, fue bautizado con los suyos y se alegró junto con toda su casa por haber creído en Dios. (Hechos 16:32-34)
- La escena comenzó con una cárcel y terminó alrededor de una mesa.
- Comenzó con heridas y terminó con cuidado.
- Comenzó con desesperación y terminó con alegría.
Quizá Pablo y Silas pensaban que aquella noche necesitaban que Dios los sacara de la cárcel.
- Pero Dios tenía algo más que hacer en aquella cárcel.
No sabemos siempre por qué estamos atravesando determinadas circunstancias. No podemos afirmar que cada dificultad haya sido colocada por Dios para llevarnos a un lugar específico. Pero sí podemos decidir qué haremos con el lugar en el que nos encontramos.
- Podemos quejarnos.
- Podemos escapar.
- Podemos preguntar por qué.
O podemos estar atentos para descubrir a quién podemos ayudar mientras estamos allí.
Conclusión: Estar donde Dios puede utilizarnos
Pablo y Silas llegaron a una prisión porque habían anunciado el evangelio.
- Oraron.
- Cantaron.
- Las puertas se abrieron.
Y no escaparon.
Su permanencia permitió que un hombre desesperado escuchara una respuesta que necesitaba conocer.
A veces nosotros también deseamos que Dios abra las puertas y nos saque rápidamente de las circunstancias difíciles.
Pero quizá no siempre se trata de salir inmediatamente.
Quizá también debemos preguntarnos qué podemos hacer mientras estamos allí.
- El matrimonio en el que estamos.
- La familia que tenemos.
- El trabajo al que acudimos.
- La escuela donde estudiamos.
- La iglesia donde servimos.
- Las personas que Dios ha puesto cerca de nosotros.
Tal vez nuestra influencia no consiste en que todos sepan nuestro nombre, sino en que alguien pueda encontrar esperanza porque nosotros estuvimos presentes en el momento correcto.
Pablo había recibido un propósito. Desde su llamado, Dios le había anunciado que llevaría el nombre de Cristo ante gentiles, reyes e israelitas, y también que enfrentaría sufrimiento por causa de ese nombre. (Hechos 16:30-31)
- La prisión de Filipos no parecía un lugar de propósito.
- Pero terminó siendo un lugar de salvación para una familia.
Por eso, cuando atravesemos una situación que no entendemos, quizá la pregunta no deba ser solamente:
- “Señor, ¿cuándo me vas a sacar de aquí?”
También podemos preguntar:
- “Señor, mientras estoy aquí, ¿a quién quieres que alcance?”
Porque quizá alguien está esperando escuchar el evangelio, y nosotros somos la única persona que puede estar ahí para responder cuando llegue la pregunta.
Y quizá, como Pablo y Silas, descubramos que algunas de las puertas que Dios abre no son para que escapemos, sino para que podamos ver con mayor claridad a quién debemos alcanzar.
Salmos 37:5 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
5 Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
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