Cuando la Palabra Vuelve a Dar Vida: Notas de predicación

domingo, 13 de septiembre de 2026


Introducción

La vida puede llegar a ser realmente complicada para algunos. Hay tormentas internas que se desatan en nuestra mente y en nuestro corazón, y la manera en que entendemos nuestro mundo y a nuestros semejantes puede ser muy distinta de una persona a otra. Esto se debe, en buena medida, a nuestras experiencias personales. Algunos han enfrentado desde temprana edad pobreza, abandono, violencia, pérdidas o situaciones que dejaron profundas heridas. Otros quizá nunca han tenido grandes carencias materiales, pero eso no significa que no exista un vacío en su interior. Hay quienes tienen mucho en las manos, pero muy poco en el corazón.


Por todo lo anterior, y por muchas otras cosas que cada uno de nosotros podría mencionar, nuestro ánimo puede decaer. Comenzamos a ver pasar los días casi como si estuviéramos viendo una película en blanco y negro. Tenemos interés en continuar, pero no sentimos las fuerzas, la emoción de vivir o el deseo de experimentar aquello que alguna vez nos hacía levantarnos con entusiasmo.


Quizá lo que necesitamos es un avivamiento. Esta palabra es muy utilizada por algunos, pero no siempre es realmente experimentada. Podemos llegar a pensar que avivamiento significa experimentar grandes emociones, un momento explosivo de alegría, entusiasmo y gozo que hará que nuestra vida cambie para siempre.


Pero avivar significa revitalizar, volver a dar vida o reactivar. Y aquí encontramos algo importante: no se puede reavivar aquello que nunca estuvo allí.


En Jonás capítulo 3 encontramos una ciudad que escuchó la Palabra de Dios, creyó y respondió. Veamos entonces qué ocurrió en Nínive y qué podemos aprender acerca del verdadero avivamiento.


Primera Parte: Una Palabra que Debe Ser Sembrada


En nuestra lectura del día de hoy, Jonás llegó finalmente a Nínive, una ciudad descrita por las Escrituras como “grande en extremo”. Jonás 3:3 nos dice que recorrerla requería tres días de camino, y en Jonás 4:11 (RVR1960) Dios menciona a más de ciento veinte mil personas que no sabían distinguir entre su mano derecha y su izquierda.


Podemos considerar que Jonás llegó a una ciudad enorme, importante y llena de actividad. Allí había personas con diferentes ocupaciones, familias, riquezas, autoridades y, como en cualquier sociedad, seguramente también lugares donde las personas buscaban diversión y entretenimiento.


Pero había algo más: había maldad.


Si hoy le pidiéramos a alguien nombrar lugares que considera “pecaminosos”, seguramente encontraríamos muchos ejemplos. Y podríamos imaginar que en una ciudad como Nínive existían muchas de esas mismas expresiones de maldad.


Y a ese lugar llegó Jonás.


Hoy en día vemos a algunos predicadores en las calles y, sin conocer su denominación, su preparación o el mensaje que llevan, muchas personas inmediatamente los consideran “loquitos”, “ignorantes”, “fanáticos” o cualquier otro calificativo.


¿Realmente es así?


Es cierto que existen personas que hablan sin preparación y que no saben realmente de qué están hablando. Pero la única forma de saberlo es detenerse y escuchar.


Jonás sabía de qué hablaba.


Dios le había dado un mensaje y ahora estaba dispuesto a llevarlo hasta las calles de Nínive.

  • ¿Y qué tipo de mensaje llevó?


Uno que no era muy popular: un mensaje de juicio.


Jonás 3:4 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
4 Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida.


  • ¿Cuánto tiempo tenía?


Cuarenta días.


Pensemos en el tamaño de la ciudad. Pensemos en cuántas personas necesitaban escuchar. Pensemos en lo difícil que sería anunciar un mensaje semejante.

Y, sin embargo, Jonás comenzó a predicar.


Porque antes de hablar de avivamiento tenemos que hablar de sembrar.


No podemos esperar que brote algo donde nunca se sembró. La Palabra tiene que ser anunciada.


Romanos 10:17 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.


La pregunta entonces es sencilla:


¿Qué estamos sembrando nosotros?


Segunda Parte: Cuando la Palabra Encuentra un Corazón Dispuesto


Jonás predicó y sucedió algo extraordinario.


Jonás 3:5 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
5 Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos.


No solamente escucharon.


Creyeron.


Pensemos en cuántas personas pueden hablar desde un púlpito y, sin embargo, no transmitir vida. Quizá transmiten enseñanza, información o conocimiento, pero no necesariamente el deseo de hacer algo con aquello que han escuchado.


Y también debemos reconocer que no todos responden igual.


Para algunas personas es muy difícil aceptar un mensaje de arrepentimiento cuando este implica abandonar aquello que les produce comodidad.

  • Félix escuchó a Pablo hablar de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero.

Hechos 24:25 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.


Escuchó, pero postergó.

  • Agripa escuchó a Pablo y estuvo cerca de ser persuadido.

Hechos 26:28 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

28 Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.

  • Y encontramos también al joven rico. Tenía riquezas, había guardado los mandamientos y parecía tener una vida correcta. Pero cuando Jesús le pidió que dejara aquello que ocupaba el primer lugar en su corazón, se fue triste.

Marcos 10:22 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.


Tres personas escucharon.


Pero no todos respondieron de la misma manera.


Mientras pensemos que hay gente a la que no podemos llegar, o que hay personas para las que no existe arrepentimiento, estaremos muy limitados para ver un avivamiento, no solamente en nosotros, sino también en nuestro entorno.


Quizá el que más tiene sea el que más necesita.


Y quizá todavía está por descubrirlo.


Pensemos en el rey de Nínive.

  • Tenía riquezas.
  • Tenía poder.
  • Tenía autoridad.
  • Seguramente tenía personas encargadas de protegerlo.


Pero cuando llegó el mensaje de Dios, ninguna de esas cosas pudo protegerlo de la necesidad de arrepentirse.


Las riquezas no lo son todo.


El poder no lo es todo.


Tener personas que nos protejan no significa que podamos salvarnos a nosotros mismos.


Y aquí aparece una pregunta incómoda:


¿A quién le estamos predicando?


Muchas veces escogemos a quién hablarle porque sabemos quién nos escuchará. Al amigo, al compañero, al familiar.


Pero ¿qué sucede con el rey?


Con el presidente.


Con el ejecutivo.


Con el director.


Con el maestro.


Con nuestros padres.


Incluso con aquel pastor que creemos que conoce la Biblia, pero al que quizá debemos hablarle con amor cuando vemos que está completamente equivocado.


Jonás llegó a Nínive.


Y Nínive respondió.


Tercera Parte: El Avivamiento Necesita una Respuesta


El avivamiento necesita que haya algo que reactivar.


Reconozcamos que, sin compartir la Palabra, sin sembrar, no hay nada que avivar.


Pero tampoco basta con sembrar.

  • La semilla tiene que producir algo.
  • Los habitantes de Nínive escucharon el mensaje, creyeron y actuaron.


Jonás 3:6-8 nos muestra que el rey se levantó de su trono, se humilló, proclamó ayuno y llamó al pueblo a apartarse de su mal camino.


El arrepentimiento de Nínive no fue solamente una emoción.


Hubo una respuesta.


Eso es importante porque podemos acudir a una iglesia, escuchar un sermón, cantar, levantar las manos y decir “amén” a todo lo que dice el predicador, pero eso no significa automáticamente que la Palabra haya producido vida en nosotros.


Jesús dijo:


Mateo 13:23 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.


La pregunta no es solamente:


¿Escuchaste?


La pregunta es:


¿Qué produjo en ti aquello que escuchaste?


Nínive escuchó y respondió.


El rey escuchó y respondió.


La ciudad escuchó y respondió.


Y Jonás 3:10 nos dice que Dios vio lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino y que tuvo misericordia de ellos.


Eso es avivamiento.


No solamente sentir.


Responder.


No solamente emocionarse.


Cambiar.


No solamente escuchar la Palabra.


Obedecerla.


Porque una vida reavivada produce señales de vida.


Si antes mentíamos, dejamos de mentir.


Si antes vivíamos en violencia, abandonamos la violencia.


Si antes éramos indiferentes, comenzamos a servir.


Si antes conocíamos la Palabra pero no la obedecíamos, comenzamos a ponerla en práctica.


Quizá no necesitamos otra emoción.


Quizá necesitamos responder a aquello que Dios ya nos dijo.


Conclusión: Volver a Tener Vida


Cuando pensamos en un avivamiento, quizá imaginamos multitudes, templos llenos, música, lágrimas y grandes manifestaciones de alegría.


Pero Jonás 3 nos presenta algo mucho más sencillo.

  • Un hombre llevó la Palabra.
  • Una ciudad escuchó.
  • Creyeron.
  • Se arrepintieron.
  • Y cambiaron.


Quizá el avivamiento que estamos esperando no comience con miles de personas.


Quizá comience con una sola.


Quizá comience con nosotros.


Porque no podemos pedirle a Dios que reavive aquello que nosotros mismos no estamos dispuestos a entregar.


No podemos pedir un avivamiento si no estamos sembrando.


No podemos pedir un avivamiento si no estamos escuchando.


No podemos pedir un avivamiento si no estamos dispuestos a arrepentirnos.


Y no podemos pedir que Dios transforme nuestro entorno si nosotros no estamos dispuestos a permitirle transformar nuestro corazón.


Nínive era una ciudad enorme, pero el mensaje comenzó con un solo hombre.


Jonás no tenía que transformar la ciudad.


Tenía que llevar el mensaje.


Los habitantes tenían que responder.


Y Dios hizo lo que solamente Dios puede hacer.


Por eso quizá la pregunta no sea:


“¿Cuándo llegará el avivamiento?”


Quizá la pregunta sea:


“¿Qué voy a hacer con aquello que Dios ya me ha dicho?”


Salmos 85:6 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

6 ¿No volverás a darnos vida, Para que tu pueblo se regocije en ti?


La oración sigue siendo válida:


Señor, vuelve a darnos vida.


Pero si realmente queremos que Dios nos avive, debemos estar preparados para responder cuando Él hable.


Porque la Palabra debe ser sembrada.


La Palabra debe ser escuchada.


La Palabra debe ser creída.


Y la Palabra debe producir una respuesta.




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