Dios Vuelve a Llamar: Predicación
domingo, 6 de septiembre de 2026
Introducción: Un Segundo Llamamiento
No cabe duda que Dios tiene planes, pero nosotros poco sabemos de los detalles. Solo conocemos el principio y el fin a través de las Escrituras. Hoy en día la gente vive sin propósito, esperando que los días pasen, haciendo todo aquello que le dicta el placer y, en algunos casos, corriendo directamente hacia su destrucción. ¿Conoce alguien así?
La desesperación por no lograr metas, expectativas o reconocimiento en este mundo le pasa factura a nuestra sociedad. Hay momentos históricos donde la humanidad ha descendido a una zona muy oscura, donde no se ve solución y solamente desgracias se asoman al amanecer.
Dios conoce tanto estos eventos como aquellos particulares donde un hijo vive descarriado. Pero mientras Dios se moviliza y poco nos enteramos de lo que está haciendo, hay quienes, sabiendo lo que tienen que hacer para que ese plan se ejecute, poco quieren hacer. Principalmente los creyentes entienden a qué nos referimos en este momento.
Congregaciones llenas y megaiglesias donde pocos trabajan y muchos acuden a cantar y ver espectáculo. No se deben malentender las palabras anteriores, pero sí señalar que hay mucha gente en los altares que no quiere bajar y salir a hacer la obra, prefiriendo recibir saludos, aplausos y reconocimiento, como si esto se tratara de gozar de una posición privilegiada delante de los demás.
Pero el propósito de Dios nunca ha sido colocarnos en un lugar para ser admirados, sino enviarnos a cumplir aquello que Él ha puesto delante de nosotros.
En el pasado, cierta ciudad grande llamada Nínive se encontraba inmersa en la perversión. Según leemos en las Escrituras, podemos entender que el juicio de Dios se acercaba sobre aquella ciudad.
Hace algunos días hablamos del mismo tema y hemos regresado con el caso particular de Jonás el profeta.
Pensemos en él como alguien que fue escogido por el Señor, pero que no le gustó el mensaje que le fue dado a compartir y prefirió huir.
Casi todos conocen su historia, principalmente porque se narra que un gran pez se lo tragó. Algunos teólogos cristianos llegan a hacer referencia a un significado relacionado con la muerte, sepultura y resurrección. Sin embargo, realmente aquí lo importante es que Jonás no fue desechado por Dios, sino que Dios volvió a llamarlo.
Y esto es precisamente lo que estudiaremos hoy: Dios puede volver a llamarnos después de nuestro fracaso, pero esa segunda oportunidad no debe convertirse en una excusa para volver a desobedecer.
Para mayor entendimiento, sugerimos leer en las Escrituras el libro de Jonás capítulos 1, 2, 3 y 4.
Primera Parte: El Segundo Llamamiento
Jonás tuvo un segundo llamamiento y este ocurrió después de su voluntario fracaso y de haber experimentado las consecuencias de su desobediencia.
Jonás, así como muchos creyentes, cuando se ven confrontados por la palabra de Dios, al tener una idea fija de lo que debería hacer Dios y no de cómo deberían obedecer ellos, suelen responder con rebeldía.
- “Creo que tengo una mejor interpretación.”
- “Creo que puedo irme a otro lado.”
- “Creo que voy a hacer algo distinto.”
El problema comienza cuando creemos que nuestra opinión debe estar por encima de la instrucción que Dios ya nos ha dado.
Sabemos que Dios disciplina a quienes considera sus hijos. La disciplina no demuestra abandono, sino que puede ser una evidencia de que Dios está tratando con nosotros.
Hebreos 12:6 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
6 Porque el Señor al que ama, disciplina,Y azota a todo el que recibe por hijo.
El creyente, en medio de su pecado, será confrontado por Dios. No podemos pensar que ser hijos de Dios significa vivir sin consecuencias por nuestras decisiones. Al contrario, la Escritura nos enseña que Dios corrige a quienes ama.
Hay tempestades en la vida que llegan a nosotros como consecuencia de nuestros actos.
- El gran pez que se tragó a Jonás se encontraba allí con ese propósito. Jonás había decidido huir, pero Dios utilizó aquella circunstancia para detenerlo y llevarlo nuevamente al lugar donde debía estar.
- El pueblo de Israel vagó por el desierto durante cuarenta años como consecuencia de su desobediencia.
Números 14:33-34 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
33 Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. 34 Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.
33 Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto. 34 Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.
- Sansón también experimentó consecuencias terribles por su desobediencia. Terminó ciego y prisionero de los filisteos.
Jueces 16:21 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
21 Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel.
21 Mas los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel.
Las consecuencias pueden ser dolorosas, pero no necesariamente significan que Dios haya terminado con nosotros.
Para quienes verdaderamente pertenecen al Señor existe la posibilidad del arrepentimiento y de volver al camino correcto. Dios conoce nuestros corazones y sabe quiénes somos realmente delante de Él.
1 Juan 3:20 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
20 pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.
Aunque nos encontremos muy alejados de donde Dios nos envió, Él puede encontrarnos.
Jonás había huido en dirección contraria, pero no pudo esconderse de Dios. Después de la tormenta, después del gran pez y después de su oración, Dios volvió a hablarle.
Segunda Parte: El Propósito Continúa
Jonás fue nuevamente llamado a hacer lo que antes se había negado.
Jonás 3:2 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
2 Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré.
2 Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré.
Mientras que otros nos pueden ver derrotados y nosotros mismos podemos pensar que todo se ha acabado, el plan de Dios continúa.
Jonás terminó en una playa cansado, después de todo lo ocurrido.
Quizás pudo pensar:
- “Ya hice suficiente.”
- “Ya sufrí las consecuencias.”
- “Ahora puedo ir a donde quiera.”
- “Ya soy libre de Dios.”
Pero no era así.
Jonás no había sido creado para hacer simplemente lo que quisiera. Su vida tenía un propósito, y ese propósito no desapareció porque hubiera fracasado.
Lo mismo ocurre con nosotros.
El propósito de nuestra existencia no consiste únicamente en trabajar, alcanzar metas, adquirir bienes, recibir reconocimiento o buscar aquello que nos produce placer.
La creación tiene un propósito mayor: glorificar a Dios.
Isaías 43:7 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
Jonás tenía que ir a Nínive.
Y nosotros también tenemos lugares donde debemos estar, personas a quienes debemos hablar, responsabilidades que debemos asumir y decisiones que debemos tomar.
- Podemos retrasarnos.
- Podemos equivocarnos.
- Podemos incluso huir.
Pero eso no significa que el propósito de Dios haya desaparecido.
Lo que sucedió con Jonás después de su fracaso debería producir en nosotros una profunda reflexión: Dios no se equivocó cuando nos llamó.
- Nosotros podemos equivocarnos al responder.
- Podemos equivocarnos al obedecer.
- Podemos equivocarnos al interpretar.
- Pero Dios no se equivocó al llamarnos.
Tercera Parte: Una Segunda Oportunidad No Es un Permiso para Desobedecer
Muchos hoy en día dan por hecho que Dios siempre da segundas oportunidades y que, por tanto, pueden confiarse.
Quizás deberían preguntarse si realmente están viviendo como creyentes o simplemente están abusando de la paciencia de Dios.
El caso de Jonás es el caso de muchos creyentes verdaderos que experimentan confusión, quizá como resultado de una vida extremadamente complicada. Dios conoce cada caso y trata con cada persona a un nivel personal.
Jonás fallaría nuevamente.
Jonás 4:1 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
1 Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó.
1 Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó.
Jonás se molestó al ver que la ciudad de Nínive se arrepintió de su pecado.
¿Qué tan herido tendría que estar el corazón de Jonás para molestarse porque una ciudad abandonara su pecado y regresara a Dios?
Dios le dio la misión a Jonás de predicar a Nínive para arrepentimiento, y esto fue precisamente lo que ocurrió. Pero Jonás quería la destrucción de Nínive.
El profeta había obedecido externamente, pero su corazón todavía tenía un problema con aquello que Dios estaba haciendo.
Y aquí encontramos una enseñanza importante.
No basta con hacer lo que Dios nos pide si nuestro corazón sigue resistiéndose a lo que Él desea.
Jonás fue a Nínive.
- Predicó.
- La ciudad se arrepintió.
- Pero él no estaba contento.
¿Será que hoy en día algunos creyentes evitan la predicación del evangelio a sus parientes por un prejuicio similar?
Quizá pensamos:
- “Él no merece que Dios lo perdone.”
- “Ella nunca va a cambiar.”
- “Después de todo lo que hizo, ¿por qué Dios habría de salvarlo?”
Pero el evangelio no consiste en que nosotros decidamos quién merece misericordia.
Nínive no recibió lo que merecía en aquel momento porque Dios tuvo misericordia.
Y nosotros tampoco recibimos de Dios aquello que merecíamos cuando fuimos alcanzados por su gracia.
Por eso, una segunda oportunidad no debe producir orgullo, sino humildad.
- Si Dios tuvo paciencia con nosotros, debemos aprender a tener paciencia con otros.
- Si Dios nos permitió volver, debemos alegrarnos cuando otros también regresan.
- Si Dios no nos desechó después de nuestros fracasos, debemos comprender que su misericordia es mucho mayor que nuestros propios criterios.
Jonás necesitaba aprender algo que nosotros también necesitamos aprender: el plan de Dios no gira alrededor de nuestras preferencias.
Conclusión: Volver a Obedecer
Dios cumplirá sus planes, aunque nosotros no nos demos por enterados de por qué se desarrollan los eventos de cierta manera.
- Nos puede llamar una vez.
- Podemos fallar.
- Puede confrontarnos.
- Podemos arrepentirnos.
- Y puede volver a llamarnos.
Dios no se equivocó al llamarnos, pero necesitamos hoy hacer un acto de reflexión con respecto a nuestras acciones y comportamiento.
Podremos fallar muchas veces, pero la misericordia de Dios puede encontrarnos una y otra vez. Sin embargo, no debemos abusar de ella.
Para Jonás fue una tormenta y un gran pez.
No deberíamos poner a Dios en modo creativo con nosotros, esperando descubrir cuál será el próximo método que utilizará para hacernos entrar en razón.
Porque si ya sabemos qué debemos hacer, quizás no necesitamos otra tormenta.
Quizás solamente necesitamos obedecer.
Jonás tuvo una segunda oportunidad.
Nosotros también podemos tenerla.
Pero la pregunta no es solamente si Dios volverá a llamarnos.
La pregunta es: ¿qué haremos cuando vuelva a hacerlo?
Miqueas 6:8 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.
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