Cuando nuestra compasión se equivoca: Notas de predicación
domingo, 20 de septiembre de 2026
Introducción: Lo que no conocemos de los demás
Existen muchas cosas que desconocemos acerca de las personas con quienes convivimos. Podemos compartir durante muchos años un hogar, un espacio de trabajo, una iglesia, una amistad o incluso una familia, y aun así habrá una parte de su historia que permanecerá fuera de nuestro conocimiento. Existen experiencias, heridas, decisiones y acontecimientos que ocurren lejos de nuestros ojos y que pueden modificar profundamente la manera en que una persona piensa y actúa.
De lo anterior podemos comprender por qué muchas veces no logramos descifrar algunas de las decisiones o actitudes que observamos en el comportamiento diario de quienes nos rodean. Vemos lo que hacen, pero no siempre conocemos lo que han vivido. Escuchamos sus palabras, pero no necesariamente conocemos las experiencias que las llevaron a pensar de determinada manera.
Cuando pensamos acerca de Jonás, el profeta, tampoco conocemos demasiados aspectos de su vida antes de los acontecimientos narrados en las Escrituras. Sabemos algunas cosas acerca de él, pero el libro que lleva su nombre nos presenta principalmente una historia particular: la de un hombre llamado por Dios para llevar un mensaje a Nínive y que, aun después de haber visto el resultado de la misericordia de Dios, terminó luchando contra sus propios sentimientos.
Quizá la historia de Jonás no lo refleja en su mejor momento, pero precisamente por eso puede resultar tan útil para nosotros.
En el capítulo 4 encontramos algo que no habíamos visto con tanta claridad en los capítulos anteriores: Jonás no solamente tenía dificultades para obedecer. También tenía dificultades para aceptar que Dios tuviera misericordia de personas que él consideraba indignas de ella.
Veamos entonces qué podemos aprender de su enojo.
Primera Parte: Cuando nuestros prejuicios nos impiden ver al otro
Al llegar al capítulo 4, nuestra lectura nos permite entender mejor por qué Jonás no deseaba obedecer a Dios en la encomienda de llevar un mensaje de salvación a una ciudad que estaba en perdición.
Jonás conocía a los ninivitas y tenía una opinión muy definida acerca de ellos. No eran parte de su pueblo. Eran extranjeros y pertenecían a una nación que había ejercido violencia y representaba una amenaza para Israel. Por eso, cuando Dios decidió mostrar misericordia hacia Nínive, Jonás no reaccionó con alegría.
Veamos los siguientes versículos:
Jonás 4:1-2 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
1 Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. 2 Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.
Jonás prácticamente está diciendo: “Yo sabía que esto iba a pasar”.
El problema no era que desconociera a Dios. Al contrario, conocía algunas de sus características. Sabía que Dios era misericordioso y que podía perdonar. El problema era que no estaba de acuerdo con que esa misericordia alcanzara precisamente a aquellas personas.
En todas las épocas las personas han tendido a formar bandos. Escogemos un equipo de fútbol, defendemos una ideología, pertenecemos a una comunidad, seguimos determinadas tradiciones o nos identificamos con un grupo. Esto, por sí mismo, no necesariamente es malo. El problema aparece cuando nuestra pertenencia comienza a convertirse en una razón para considerar inferiores, indignas o irremediablemente equivocadas a las personas que están fuera de nuestro grupo.
También podemos observar esto dentro de las iglesias. Pueden surgir pequeños grupos, preferencias, tradiciones y formas de pensar que, cuando se vuelven excesivas, dificultan escuchar opiniones diferentes o reconocer que también nosotros podemos equivocarnos.
Pero cuando nos detenemos a observar los principios bíblicos, encontramos que ninguno de nosotros puede presentarse delante de Dios diciendo: “Soy mejor que mi hermano”.
Romanos 3:23 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
Todos estamos frente a Dios en una condición que necesita de su misericordia. No existe un grupo humano que pueda reclamar perfección delante de Él.
Jesús no murió únicamente por las personas que pensamos que merecen perdón. La cruz nos recuerda precisamente lo contrario: todos necesitamos de la gracia de Dios.
Romanos 5:8 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Mientras que nosotros muchas veces juzgamos lo que vemos sin conocer completamente las intenciones o circunstancias de una persona, Dios conoce nuestro interior. Él conoce aquello que nosotros no vemos de los demás y también aquello que otros no pueden ver de nosotros.
Esto no significa que todas nuestras acciones sean correctas o que las consecuencias de nuestros actos desaparezcan. Significa que el juicio de Dios no depende de nuestras apariencias ni de nuestras preferencias personales.
Delante de Dios no hay hombre que pueda decir: “Soy más perfecto que mi hermano”.
Segunda Parte: Cuando esperamos el juicio desde la comodidad
Nuestra lectura narra que Jonás salió de la ciudad y se sentó al oriente de ella. Allí se hizo una enramada y se quedó esperando para ver qué ocurriría.
Jonás 4:5 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
5 Y salió Jonás de la ciudad, y acampó hacia el oriente de la ciudad, y se hizo allí una enramada, y se sentó debajo de ella a la sombra, hasta ver qué acontecería en la ciudad.
El texto no nos dice exactamente qué estaba pensando Jonás mientras permanecía allí. Sin embargo, podemos imaginar la escena: después de anunciar el juicio sobre Nínive, Jonás se instala en un lugar donde puede esperar el desenlace.
- Como quien se sienta bajo una sombra para observar lo que ocurre a su alrededor, Jonás parece dispuesto a esperar.
Podríamos imaginarlo, incluso, con la comodidad de quien se prepara para observar un espectáculo que está convencido de que ocurrirá: esperando ver las consecuencias de aquello que había anunciado.
- Pero habían pasado los cuarenta días y Nínive no había sido destruida.
¿Qué estaría pensando Jonás?
- Tal vez se preguntaba por qué Dios no estaba haciendo lo que él esperaba. Había anunciado un juicio y ahora la ciudad seguía allí.
Pero mientras Jonás estaba preocupado por lo que ocurriría con la ciudad, Dios estaba preocupado por la ciudad misma.
- Aquí encontramos una diferencia importante: Jonás quería ver cumplido el juicio; Dios quería mostrar misericordia.
Y Dios no abandona a Jonás en medio de su necedad.
Primero aparece una planta que le proporciona sombra.
Jonás 4:6 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
6 Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera.
Después aparece un gusano.
Jonás 4:7 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
7 Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó.
Y finalmente aparece un viento que golpea a Jonás.
Jonás 4:8 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
8 Y aconteció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano, y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y se desmayaba, y deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que la vida.
Una planta, un gusano y un viento.
Tres elementos sencillos que Dios utiliza para enseñar algo mucho más profundo.
- Jonás estaba profundamente preocupado por una planta que le proporcionaba sombra, pero no mostraba la misma preocupación por una ciudad llena de personas.
Y aquí deberíamos detenernos nosotros.
¿Puede ocurrirnos algo parecido?
Podemos llegar a sentirnos muy cómodos permaneciendo callados y alejados de los problemas de los demás. Podemos preocuparnos mucho por nuestras propias comodidades, mientras observamos desde cierta distancia las dificultades de quienes nos rodean.
La pregunta no es solamente si estamos haciendo algo malo. También deberíamos preguntarnos qué cosas hemos dejado de valorar.
- Jonás estaba cómodo mientras esperaba el juicio sobre Nínive.
Y quizá nosotros también podemos acostumbrarnos a observar desde lejos las dificultades de otros, esperando que reciban las consecuencias de sus decisiones, sin detenernos a pensar en la misericordia que nosotros mismos hemos recibido.
Tercera Parte: La compasión que Dios quiere enseñarnos
Después de todo lo ocurrido, Dios vuelve a hablar con Jonás.
Jonás 4:9 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
9 Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte.
- Jonás tenía compasión por la planta.
- La había perdido y estaba molesto.
- Pero Dios utiliza precisamente ese sentimiento para mostrarle algo.
Jonás 4:10-11 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
10 Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. 11 ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
Aquí encontramos el corazón del capítulo.
- Dios compara el sentimiento de Jonás por una planta con la compasión que Él tiene por una ciudad.
Jonás se preocupaba por algo que no había creado, que no había cultivado y que solamente había disfrutado durante un corto tiempo. Dios, en cambio, estaba mirando a personas creadas por Él.
La pregunta de Dios queda abierta: “¿Y no tendré yo piedad de Nínive?”
- Jonás estaba concentrado en lo que había perdido.
- Dios estaba concentrado en las personas que podían ser salvadas.
Esto nos lleva nuevamente a nuestra propia vida. Cuando observamos a los demás, pocas veces vemos todas nuestras propias faltas. Podemos ser muy rápidos para señalar errores, pero mucho más lentos para reconocer nuestra necesidad de misericordia.
Jesús enseñó precisamente sobre esta tendencia:
Mateo 7:3 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
Esto no significa que debamos ignorar el pecado o llamar bueno a lo malo. Significa que debemos recordar quiénes somos nosotros antes de colocarnos en el lugar del juez.
La misericordia de Dios no nos invita a justificar nuestras malas acciones; nos invita a reconocer que nosotros también vivimos gracias a ella.
- Jonás necesitaba comprender que la misericordia de Dios no era un recurso reservado para un grupo determinado.
Y nosotros también necesitamos recordarlo.
Conclusión: Aprender a mirar como Dios mira
Dios se toma la molestia de hablar con Jonás.
No lo abandona en su enojo. No simplemente lo deja sentado bajo la sombra de su enramada. Le hace preguntas y utiliza situaciones sencillas para confrontar aquello que estaba ocurriendo dentro de su corazón.
¿Realmente a Dios le molesta hablar con nosotros cuando estamos equivocados?
La historia parece mostrarnos algo diferente.
Dios puede utilizar incluso nuestras propias molestias para enseñarnos. Una planta que nace y muere rápidamente puede convertirse en una lección sobre la compasión. Un gusano puede mostrarnos cuánto valoramos aquello que nos proporciona comodidad. Un viento puede revelar lo frágiles que somos.
- Jonás sentía compasión por una planta porque había perdido su sombra.
- Dios sentía compasión por una ciudad porque veía personas.
- La diferencia estaba en aquello que cada uno había aprendido a valorar.
Tal vez nosotros también necesitamos preguntarnos qué cosas nos preocupan más: ¿nuestra comodidad, nuestra reputación, tener la razón, pertenecer a nuestro grupo, ver castigados a quienes consideramos equivocados, o la vida de las personas que nos rodean?
No conocemos todas las historias de quienes están cerca de nosotros. No conocemos todas sus luchas ni todas las experiencias que han moldeado sus decisiones. Pero Dios sí conoce el corazón.
- Por eso, antes de pedir que Dios cambie a los demás, quizá necesitamos permitirle que cambie nuestra manera de mirarlos.
La historia de Jonás termina con una pregunta de Dios y no con una respuesta del profeta. Tal vez esa pregunta también queda para nosotros.
Jonás 4:11a Reina-Valera 1960 (RVR1960)
11 ¿Y no tendré yo piedad de Nínive...?
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