La Cena del Señor: Recordar, Examinar, Anunciar y Esperar
domingo, 4 de octubre de 2026
Introducción:
Dependiendo de los invitados, una comida puede convertirse en una fiesta. Hay eventos que llevamos a cabo como cumpleaños, aniversarios y días festivos en los que nos reunimos con las personas adecuadas para darle a un día un significado especial. Quizá lo hacemos como un recordatorio de sentimientos, alegrías o tristezas del pasado, con la intención de no olvidar.
Algunas personas simplemente llevan consigo una fotografía en la cartera que les recuerda algo o a alguien. No necesitan observarla todos los días para que tenga significado. Basta con verla nuevamente para recordar una historia, una persona, un momento o incluso una decisión que alguna vez fue importante.
Muchas de nuestras acciones están relacionadas con recordar por qué las realizamos o cuál es su propósito. Cuando este propósito deja de estar presente en nuestra mente, nuestras acciones pueden llegar a carecer de importancia, y aquello que alguna vez tuvo un profundo significado puede convertirse simplemente en una costumbre.
Pero cuando el recuerdo nos motiva a dar lo mejor de nosotros mismos, ese recuerdo puede empujarnos más allá de lo que normalmente haríamos.
Hoy estaremos hablando de la Cena del Señor. Existen diferentes maneras en que las denominaciones cristianas entienden aspectos como cada cuándo debe realizarse o cómo debe llevarse a cabo. Sin embargo, podemos reconocer algo fundamental: la Cena del Señor no es un medio para obtener salvación, sino una práctica que recuerda la obra de Cristo y nos dirige nuevamente hacia el significado de su sacrificio.
La Cena del Señor tiene, entre otros propósitos, algo que encontramos directamente en las palabras de Jesús: recordar.
Pero ¿qué debemos recordar?
- ¿Solamente debemos mirar hacia atrás?
- ¿La Cena del Señor solamente tiene que ver con lo que ocurrió en la cruz?
- ¿O también nos obliga a examinarnos, mirar a quienes están a nuestro alrededor y pensar en aquello que todavía está por venir?
Exploremos entonces cuatro maneras en las que la Cena del Señor puede ayudarnos a dirigir nuestra mirada: hacia atrás, hacia nuestro interior, hacia los demás y hacia el futuro.
Primera Parte: La Cena del Señor nos permite mirar hacia atrás
Cuando queremos recordar algo verdaderamente importante, muchas veces necesitamos mirar hacia atrás.
Podemos recordar acontecimientos de nuestra infancia, a nuestros padres, nuestros primeros años de matrimonio, el nacimiento de nuestros hijos, algún momento difícil que logramos superar o incluso una persona que ya no se encuentra con nosotros.
- Recordar puede ayudarnos a entender quiénes somos y por qué estamos donde estamos.
De la misma manera, la Cena del Señor nos lleva hacia atrás en el tiempo. Nos lleva hasta aquella noche en la que Jesús fue entregado y tomó el pan y la copa delante de sus discípulos.
Veamos el siguiente versículo:
1 Corintios 11:23-25 Reina-Valera 1960 (RV1960)
23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
Pablo comienza diciendo que recibió del Señor lo que también había enseñado a los creyentes. No estaba presentando simplemente una tradición humana. Estaba recordando a la iglesia aquello que Cristo había establecido.
Y hay una frase que se repite: “en memoria de mí.”
¿De qué debemos hacer memoria?
- Debemos recordar a Cristo.
- Debemos recordar que su cuerpo fue entregado.
- Debemos recordar su sangre.
- Debemos recordar el nuevo pacto.
- Debemos recordar que aquello que celebramos no comenzó con nosotros, sino con lo que Cristo hizo por nosotros.
Podemos pasar mucho tiempo meditando sobre nuestra vida durante el día y a lo largo de los meses: nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras preocupaciones y aun nuestra vida de fe. Todo puede ocupar nuestra mente al mismo tiempo, alternándose de acuerdo con las circunstancias.
Pero existe un momento especial para detenernos y recordar quién es ese Jesús que dio su vida por nosotros.
La muerte de Cristo es algo que debemos recordar porque con facilidad podemos olvidar el verdadero significado de su sacrificio. Podemos acostumbrarnos a escuchar acerca de la cruz, cantar acerca de ella y hablar de ella, pero seguir viviendo como si nunca hubiera ocurrido.
Por eso la Cena del Señor nos obliga a regresar al punto central.
- Cristo murió.
- Cristo entregó su cuerpo.
- Cristo derramó su sangre.
- Cristo estableció un nuevo pacto.
Y nosotros somos llamados a recordar.
Para mayor entendimiento, podemos leer también los relatos de Mateo 26, Marcos 14 y Lucas 22, donde encontramos la institución de la Cena del Señor.
La memoria cristiana no consiste solamente en mirar un acontecimiento antiguo y decir: “Eso ocurrió hace mucho tiempo”.
- Recordar a Cristo debe cambiar nuestra manera de vivir en el presente.
Segunda Parte: La Cena del Señor nos permite mirar hacia nuestro interior
Pero entonces surge otra pregunta:
Si la Cena del Señor nos permite mirar hacia atrás, ¿cómo debemos mirar hacia nosotros mismos?
En Corinto parece que en algún momento algunos creyentes dejaron de considerar con la debida profundidad aquello que estaban haciendo. La reunión que debía recordar a Cristo estaba siendo acompañada por divisiones, egoísmo y falta de consideración hacia otros hermanos.
Por eso Pablo no solamente habla de recordar. También habla de examinarnos.
Veamos el siguiente versículo:
1 Corintios 11:28-32 Reina-Valera 1960 (RV1960)
28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
La palabra “examinar” nos presenta una idea importante.
Antes de mirar a los demás, debemos estar dispuestos a mirarnos a nosotros mismos.
- ¿Qué hay en nuestro corazón?
- ¿Qué estamos haciendo con aquello que Cristo nos enseñó?
- ¿Estamos participando de la Cena del Señor solamente porque es una costumbre?
- ¿Estamos recordando verdaderamente a Cristo?
- ¿Existe algo en nuestra vida que sabemos que debemos cambiar y hemos decidido ignorarlo?
- ¿Estamos en paz con nuestros hermanos?
- ¿Estamos actuando con amor o solamente cumpliendo una ceremonia?
Examinarse no significa buscar una razón para alejarnos de Cristo porque consideramos que no somos suficientemente buenos. Si así fuera, ninguno de nosotros podría acercarse.
El propósito del examen es reconocer aquello que necesita ser corregido.
La persona que se examina puede encontrar pecado, orgullo, resentimiento, egoísmo o indiferencia. Pero reconocerlo es precisamente el comienzo de la restauración.
- El problema no es descubrir que necesitamos cambiar.
- El problema es descubrirlo y decidir no hacer nada.
Pablo incluso dice:
1 Corintios 11:31 Reina-Valera 1960 (RV1960)
31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;
Aquí encontramos una enseñanza que puede aplicarse a nuestra vida cotidiana. Una persona puede evitar una corrección durante mucho tiempo, pero tarde o temprano tendrá que enfrentar las consecuencias de aquello que no quiso revisar.
- Es parecido a lo que ocurre con una enfermedad. Una persona puede ignorar un síntoma, pero ignorarlo no significa que haya desaparecido.
De la misma manera, ignorar nuestro pecado no lo convierte en algo menos grave.
Por eso la Cena del Señor puede convertirse en un momento de reflexión.
No venimos solamente a tomar el pan y la copa.
- Venimos a recordar.
- Venimos a examinar.
- Venimos a reconocer.
Y, cuando sea necesario, venimos también a arrepentirnos.
Hay cosas que pueden limitar nuestra participación adecuada de la Cena del Señor: el orgullo, la falta de perdón, la indiferencia hacia otros, el egoísmo, la división y una actitud de simple rutina.
El contexto mismo de 1 Corintios 11 muestra que algunos estaban pensando más en satisfacer sus propias necesidades que en considerar a sus hermanos. Pablo les recuerda que reunirse como iglesia no debe convertirse en una oportunidad para humillar o ignorar a otros.
Por eso debemos preguntarnos:
- ¿Estoy recordando a Cristo mientras desprecio a mi hermano?
- ¿Estoy hablando de amor mientras conservo resentimiento?
- ¿Estoy participando de la Cena mientras vivo de una manera completamente contraria a lo que estoy recordando?
Examinarse no significa fingir perfección.
Significa acercarnos con sinceridad.
Tercera Parte: La Cena del Señor nos permite mirar hacia afuera
Hasta ahora hemos visto que la Cena del Señor nos hace mirar hacia atrás y también hacia nuestro interior.
Pero no debemos quedarnos allí.
La Cena del Señor también nos permite mirar hacia afuera.
Veamos nuevamente lo que dice Pablo:
1 Corintios 11:26 Reina-Valera 1960 (RV1960)
26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
Existe algo interesante en este versículo.
La Cena del Señor no solamente es un recuerdo privado.
Pablo dice que al participar de ella anunciamos la muerte del Señor.
- Esto significa que existe un mensaje que debe salir de nosotros y llegar a otras personas.
Cuando recordamos la cruz, recordamos también que ese sacrificio tiene un mensaje que debe ser compartido.
La cruz no es solamente algo que observamos desde lejos.
- Es el centro del mensaje que anunciamos.
- Cristo murió, pero el mensaje cristiano no termina en la muerte.
- Cristo resucitó.
- Cristo ascendió.
- El Espíritu Santo fue enviado.
Y sus discípulos recibieron la responsabilidad de ser testigos.
Veamos el siguiente versículo:
Hechos 1:8 Reina-Valera 1960 (RV1960)
8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
Los discípulos no fueron llamados a guardar el mensaje para ellos mismos.
Fueron llamados a ser testigos.
La Cena del Señor nos recuerda de dónde viene nuestra fe, pero también puede recordarnos que existen personas que todavía necesitan escuchar el mensaje de Cristo.
- Quizá conocemos a alguien que nunca ha escuchado verdaderamente el evangelio.
- Quizá conocemos a una persona que se ha alejado.
- Quizá conocemos a alguien que piensa que Dios está demasiado lejos para escucharle.
- Quizá incluso nosotros mismos alguna vez estuvimos lejos y alguien se tomó el tiempo para hablarnos de Cristo.
Entonces, ¿qué hacemos con lo que hemos recibido?
No podemos recordar el sacrificio de Cristo y permanecer indiferentes ante quienes necesitan conocerlo.
La Cena del Señor nos hace recordar que hubo alguien que entregó su vida por nosotros.
Y ese recuerdo debe producir gratitud.
Pero también debe producir testimonio.
Cuarta Parte: La Cena del Señor nos permite mirar hacia el futuro
Finalmente, la Cena del Señor nos permite mirar hacia adelante.
Pablo termina el pensamiento de una manera muy significativa:
1 Corintios 11:26 Reina-Valera 1960 (RV1960)
26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
Hay unas palabras que no debemos pasar por alto:
“Hasta que él venga.”
- La Cena del Señor mira hacia atrás porque recuerda la muerte de Cristo.
- Mira hacia el presente porque nos invita a examinarnos.
- Mira hacia afuera porque anuncia su muerte.
- Pero también mira hacia adelante porque espera su regreso.
Esto cambia la manera en que entendemos nuestra vida.
Podemos estar demasiado concentrados en las cosas temporales.
- El trabajo.
- El dinero.
- La familia.
- Los problemas.
- Las preocupaciones.
- Las enfermedades.
- Los proyectos.
- Las cosas que queremos comprar.
- Las cosas que queremos conseguir.
Todo esto puede ocupar nuestra atención hasta hacernos olvidar que nuestra vida no termina en aquello que podemos ver.
La Cena del Señor nos ayuda a levantar nuevamente los ojos.
- Hay un Cristo que murió por nosotros.
- Hay una misión que debemos cumplir.
Y hay una promesa que todavía esperamos.
Cristo viene.
Por eso nuestra vida no debe quedar atrapada únicamente en el presente.
Debemos vivir recordando de dónde fuimos tomados, qué hizo Cristo por nosotros, qué mensaje hemos recibido y hacia dónde nos dirigimos.
Cuando Pablo dice “hasta que él venga”, nos recuerda que todavía estamos esperando.
- La Iglesia vive entre dos acontecimientos: recuerda la obra que Cristo ya realizó y espera aquello que Cristo todavía hará.
Por eso la Cena del Señor no debe convertirse en una rutina vacía.
Cada vez que participamos de ella podemos recordar:
- Cristo murió por mí.
- Cristo me llamó a vivir de una manera diferente.
- Cristo me envió a anunciar su mensaje.
- Cristo volverá.
Y mientras esperamos, debemos continuar viviendo de acuerdo con aquello que recordamos.
Conclusión: Recordar para vivir
Una fotografía puede ayudarnos a recordar a una persona.
Una comida puede ayudarnos a recordar un acontecimiento.
Una fecha puede hacernos recordar una historia.
Pero la Cena del Señor nos lleva mucho más lejos.
- Nos recuerda a Cristo.
- Nos recuerda su sacrificio.
- Nos invita a examinarnos.
- Nos recuerda que tenemos un mensaje que anunciar.
Y nos dirige hacia el futuro, porque esperamos su regreso.
Por eso no debemos participar de la Cena del Señor únicamente porque llegó el momento de hacerlo.
Debemos preguntarnos qué significa para nosotros.
- Si estamos recordando a Cristo, nuestra vida debe reflejarlo.
- Si estamos examinándonos, debemos estar dispuestos a corregir aquello que está mal.
- Si estamos anunciando su muerte, debemos estar dispuestos a compartir el evangelio.
Y si estamos esperando que venga, debemos vivir con nuestros ojos puestos en aquello que permanece, sin quedar atrapados únicamente en las cosas temporales.
La Cena del Señor es un recordatorio, pero no un recuerdo vacío.
Es un llamado a recordar para vivir.
- Recordar para agradecer.
- Recordar para corregir.
- Recordar para anunciar.
- Recordar para esperar.
Y cada vez que participemos de ella, podemos volver nuestra mirada hacia aquel que lo hizo posible.
Veamos finalmente un versículo breve:
Apocalipsis 22:20 Reina-Valera 1960 (RV1960)
20 El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.
Buscar un tema
Entradas populares
-
Introducción: Un Segundo Llamamiento No cabe duda que Dios tiene planes, pero nosotros poco sabemos de los detalles. Solo conocemos el prin...
-
Introducción La vida puede llegar a ser realmente complicada para algunos. Hay tormentas internas que se desatan en nuestra mente y en nuest...
Archivo historico
-
▼
2026
(40)
- ► septiembre (4)
-
►
2025
(52)
- ► septiembre (4)
-
►
2024
(52)
- ► septiembre (5)
-
►
2023
(53)
- ► septiembre (4)
-
►
2022
(52)
- ► septiembre (4)
-
►
2021
(52)
- ► septiembre (4)





