Uno cosecha lo que siembra: Notas de predicación

domingo, 2 de agosto de 2026


Introducción

Seguramente eres de las personas que da todo de sí, que se entrega al trabajo y a la familia. Pero quizá la situación social de tu país o la economía te ha hecho experimentar presión emocional. Tal vez estás cansado y no te queda claro qué es lo que sigue en tu vida. Hay días en que te sientes a punto de darte por vencido, pues has buscado y confiado en Dios, pero la situación se ve cada día peor.

Entonces, este mensaje quizá te sirva.

Seguimos aprendiendo sobre el encuentro de Moisés con un faraón del antiguo Egipto. Esta es una historia bastante conocida en muchos aspectos, como a través del cine y las novelas que, hasta la fecha, siguen transmitiéndose. Pero más que una historia, en el Antiguo Testamento encontramos el relato de este acontecimiento. En él podemos aprender mucho sobre los temores de la naturaleza humana, así como de la forma en que Dios observa e interviene.

Nos situaremos en el capítulo 7 del libro de Éxodo. Al «joven Moisés», a sus 80 años (Éxodo 7:7), Dios lo había seleccionado para hablar con el faraón de Egipto. Quizá Moisés llevaba mucho tiempo pensando en su jubilación o soñaba con vivir tranquilamente sus últimos años. Pero Dios tenía planes distintos.

Pensemos por un momento cómo se sentiría Moisés después de visitar al faraón para pedir la independencia del pueblo de Israel y ser simplemente rechazado. Moisés obedeció a Dios y se presentó para hacer la petición. Sin embargo, al faraón poco le importó la petición o a quién representaba Moisés.

Primera parte: Dios usa nuestras circunstancias para revelar su gloria

En general, muchos creyentes hoy en día hablan de ser pueblo de Dios. Y más allá de la iglesia en la que se congregan, llegan a ocurrir, al menos, dos escenarios.

  • El primero es que las personas con quienes conviven fuera de su núcleo cercano no pueden distinguirlos de alguien que no es cristiano. Su comportamiento y manera de hablar los delatan como personas involucradas con las corrientes del pensamiento popular y con los mismos valores del mundo. La expresión común es: «mundanos».
  • El segundo escenario es que las personas con quienes conviven sí los reconocen como cristianos, pero poco les importa. Saben que tienes creencias diferentes, pero solamente en teoría. En la práctica no se nota claramente la diferencia en tu forma de vivir. Te ven, en este sentido, como un igual.

Esto cobra relevancia cuando vemos que, a través de los siglos, no son pocos los casos donde creyentes y no creyentes se comportan de manera muy similar con relación, por ejemplo, al pecado.

El pueblo de Israel, en la época de Moisés, estaba muy mezclado con las costumbres y prácticas locales. Esto hacía que no dieran testimonio de un Dios distinto al de los egipcios.

De la misma manera, hoy podemos llamarnos cristianos, pero nuestra forma de proceder puede estar muy distante de lo que Cristo habría escogido hacer en circunstancias similares. Y esto impacta en lo que quienes nos rodean creen acerca de nuestro Dios y en cómo se relacionan, o evitan relacionarse, con Él.

Entonces podemos llegar a pensar que los egipcios de aquella época creerían que los dioses de otros pueblos eran iguales a sus dioses o quizá inferiores, por haber sido sometidos. Si ninguno de los dioses egipcios contestaba sus oraciones, tampoco tendrían motivos para creer que el Dios de Israel respondería a su pueblo.

Pero el pueblo de Israel, por medio de su situación, serviría para manifestar el poder del único Dios verdadero, para que otras naciones lo conocieran.

Éxodo 7:5 Dios Habla Hoy (DHH)

5 Y cuando haya mostrado mi poder sobre Egipto, y haya sacado de allí a los israelitas, los egipcios sabrán que yo soy el Señor.

La situación complicada en la que te encuentres puede ser la oportunidad para que Dios se glorifique en medio de un pueblo incrédulo.

Puede que hace algún tiempo le hayas pedido a Dios un trabajo, una familia u otra bendición, y te haya sido concedida. Pero después llegaron los problemas. Esto no debe ser motivo para pensar que Dios se olvidó de ti. Puede ser que su plan contigo sea mucho más grande y de más largo plazo.

Segunda parte: La paciencia forma parte de la cosecha

Pensemos rápidamente cómo fue que el pueblo de Israel llegó a estar bajo el dominio de Egipto.

Tiempo atrás, José interpretó un sueño al faraón de parte de Dios. En él anunciaba que vendrían años de abundancia seguidos por años de escasez y hambre. El faraón creyó a José y, siguiendo su consejo, Egipto logró superar aquella crisis.

La familia de José llegó a Egipto durante la hambruna y siguió creciendo de tal manera que también servía a la casa del faraón. Con el paso del tiempo terminarían siendo esclavos.

Todo esto ocurrió durante aproximadamente cuatrocientos años, pero Dios nunca se olvidó de ellos.

Hay lugares y circunstancias donde Dios nos permitirá estar y seremos de bendición quizá por mucho tiempo. Pero puede llegar el momento en que todo cambie y aquello que parecía un paraíso se transforme en sufrimiento.

Sin importar las circunstancias, no debemos abandonar el consejo de Dios.

Quizá sea el momento de anunciar el evangelio, lo cual debemos hacer en todo tiempo. O quizá Dios nos esté guiando a expandirnos y movernos hacia otro lugar.

Recuerda estas palabras:

"El Señor me lo dio todo, y el Señor me lo quitó; ¡bendito sea el nombre del Señor!" (Job 1:21b - DHH)

Por muchos años el pueblo de Israel fue de bendición para los egipcios. Durante la hambruna, probablemente los israelitas fueron felices porque no les faltó qué comer. Pero las circunstancias cambiaron.

Solo Dios permanece igual.

Había llegado el tiempo de salir de aquella nación. Y, mediante esa liberación, todas las naciones llegarían a conocer el nombre del Señor.

Veamos el siguiente versículo:

Gálatas 6:7 Palabra de Dios para Todos (PDT)

7 No se engañen ustedes mismos, porque de Dios no se burla nadie. Uno cosecha lo que siembra.

Como mencionamos al principio, quizá te has esforzado por hacer bien las cosas, pero cada día el panorama parece empeorar.

Ahora es momento de volver la mirada a la Palabra de Dios:

"Uno cosecha lo que siembra."

Si has actuado correctamente durante mucho tiempo, continúa haciéndolo y sé paciente, porque la cosecha llegará.

Si has recibido maltrato o has sido acusado injustamente, no devuelvas mal por mal. No cedas a la tentación de la venganza ni alimentes malos deseos. Continúa mirando al frente.

Si existen instancias judiciales a las cuales acudir, hazlo. Pero deja que sea Dios quien concluya todo conforme a su voluntad.

Tercera parte: La recompensa final está en Dios

En ocasiones, los hermanos en la fe que atraviesan temporadas difíciles esperan escuchar que pronto todo mejorará.

Pero eso depende completamente de los tiempos y de la voluntad de Dios, no de nuestros buenos deseos.

El ejemplo más claro es Moisés.

Después de anunciar las plagas sobre Egipto y ver la liberación del pueblo de Israel, todavía tuvo que enfrentar muchos problemas más durante cuarenta años en el desierto.

Cumplir la voluntad de Dios implica estar conscientes de que Él puede pedirnos todo hasta el último día de nuestra vida. A eso llamamos consagración.

Puede sonar difícil pensar en vivir toda una vida enfrentando problemas. Pero esa no es toda nuestra existencia.

Al final de nuestra vida en este mundo, todavía nos espera la eternidad.

Si confiamos en ser hombres y mujeres de Dios, entonces debemos dar por hecho que cualquiera que sea el destino que nuestro Señor ha preparado para nosotros será para cumplir un propósito mucho mayor que nosotros mismos.

Conclusión

Romanos 8:28 Palabra de Dios para Todos (PDT)

28 Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito.

La enseñanza de este pasaje es clara: Dios nunca deja de obrar, aun cuando no comprendamos lo que estamos viviendo.

Así como Israel tuvo que esperar siglos para ver el cumplimiento de la promesa, nosotros también debemos permanecer fieles mientras llega el tiempo de la cosecha.

No permitas que las circunstancias te hagan abandonar el camino correcto. Sigue sembrando obediencia, fidelidad, amor y justicia.

Porque Dios no puede ser burlado.

Uno cosecha lo que siembra.



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