Crecer para Edificar: Notas de predicación
domingo, 26 de julio de 2026
Introducción: Un crecimiento diferente
¿Qué nos hace distintos? Algunos pensarán en el color de cabello, la estatura, la forma de vestir o incluso en las cosas que acostumbramos comer. Otros pensarán en aspectos un poco más profundos como la educación, la personalidad o el lugar donde nacimos.
Pero cuando hablamos del creyente, aquello que verdaderamente nos distingue no proviene de nada material. Nuestra diferencia comienza el día que Cristo entra en nuestra vida. Ese momento marca el inicio de un proceso completamente nuevo.
Cuando reconocemos a Jesús como nuestro Salvador no solamente recibimos perdón; comenzamos una vida distinta. Dios espera que exista crecimiento. En otra ocasión hemos hablado del orden que Él mismo estableció para nuestra vida espiritual: nacer, crecer, madurar y, llegado el momento, aprender incluso cómo partir de este mundo con esperanza.
Ahora bien, ¿qué caracteriza a una persona que todavía permanece en la infancia?
Pensemos por un momento en un niño pequeño.
- Generalmente piensa primero en sí mismo.
- Le gusta discutir más que colaborar.
- Cree solamente aquello que alcanza a ver.
Usted podría decir: "Pero muchos adultos siguen comportándose de esa manera". Y tendría razón. El paso de los años no garantiza la madurez. Lo mismo sucede dentro de la iglesia. Hay creyentes que llevan mucho tiempo congregándose, pero todavía continúan viviendo como niños espirituales.
Hoy estaremos meditando acerca de la madurez que Dios espera de nosotros y cómo ese crecimiento tiene un propósito muy claro: ayudar a otros a crecer.
Para comprender mejor este tema le sugerimos leer en casa Efesios 4:7-16.
Primera Parte: Madurar para servir
Al abandonar la infancia espiritual dejamos de preguntarnos qué puede hacer la iglesia por nosotros y comenzamos a preguntarnos qué podemos hacer nosotros por la iglesia.
Ese cambio parece pequeño, pero transforma completamente nuestra manera de vivir.
Madurar implica perfeccionarse. No significa llegar a ser perfectos, sino permitir que Dios continúe formando nuestro carácter.
Veamos el siguiente versículo.
Efesios 4:11-12 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Notemos algo muy interesante.
Los apóstoles y profetas colocaron el fundamento que hoy encontramos en las Escrituras. Los evangelistas llevan el mensaje hasta quienes todavía no conocen a Cristo. Los pastores y maestros trabajan diariamente con la congregación local.
- Todos realizan tareas diferentes.
- Pero todos persiguen un mismo objetivo.
- Que la iglesia crezca.
Muchas veces pensamos que el trabajo del pastor consiste en hacer absolutamente todo dentro de la congregación. Sin embargo, Pablo enseña exactamente lo contrario.
- El pastor no fue llamado para reemplazar el servicio de la iglesia.
- Fue llamado para preparar a la iglesia para servir.
- Cuando esto no se comprende aparecen muchos problemas.
- El pastor hace el trabajo que corresponde a toda la congregación.
- Los creyentes se acostumbran únicamente a observar.
- Se organizan actividades para entretener en lugar de formar discípulos.
- Se llenan calendarios de eventos, pero pocas personas están siendo preparadas para servir.
Con el paso del tiempo algunos incluso llegan a pensar que el pastor simplemente es un empleado contratado para realizar el trabajo espiritual mientras la congregación observa.
Pero las Escrituras presentan una imagen completamente distinta.
Todos los creyentes somos llamados al ministerio.
- Unos enseñan.
- Otros sirven.
- Otros evangelizan.
- Otros ayudan.
- Todos edifican.
Segunda Parte: Construyendo la verdadera iglesia
Cuando escuchamos la palabra edificar casi siempre pensamos en levantar un edificio.
Pero la iglesia nunca ha sido un edificio.
- Los edificios ayudan.
- Protegen de la lluvia.
- Nos permiten reunirnos.
- Pero siguen siendo solamente paredes.
La verdadera iglesia son las personas que Cristo ha salvado.
Veamos el siguiente versículo.
Mateo 18:20 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Muchas congregaciones dedican enormes esfuerzos a mejorar sus instalaciones. Y eso no es malo. Lo preocupante es cuando cuidamos más la apariencia del edificio que la salud espiritual de quienes se reúnen dentro de él.
¿Es prioridad pintar paredes mientras los corazones permanecen rotos?
¿Es prioridad ampliar un templo mientras nadie está creciendo espiritualmente?
Cristo es la cabeza de la iglesia. Nosotros somos parte de su cuerpo. Por esa razón todos podemos participar en la edificación. ¿Cómo?
Las Escrituras nos muestran algunos ejemplos.
- Orando por quienes sufren. Santiago 5:14
- Ayudando a huérfanos y viudas. Santiago 1:27
- Contribuyendo conforme Dios nos prospera. 2 Corintios 9:7
- Promoviendo la paz. Mateo 5:9
- Enseñando con nuestras palabras y también con nuestro ejemplo. 2 Timoteo 2:2
Cada creyente puede hacer algo. Nadie recibió todos los dones. Pero tampoco nadie fue dejado sin alguno.
Tercera Parte: La madurez produce estabilidad
Vivimos tiempos donde abundan las enseñanzas; algunas provienen de las Escrituras, otras solamente utilizan lenguaje cristiano. Por eso resulta indispensable crecer.
Veamos el siguiente versículo.
Efesios 4:14 Reina-Valera 1960 (DHH)
14 Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados.
Un creyente maduro:
- Sabe explicar por qué cree.
- No sigue cualquier enseñanza solamente porque está de moda.
- No cambia sus convicciones según el predicador que escucha.
- No convierte cada diferencia en una discusión.
- Comprende que la verdad debe sostenerse con firmeza, pero también con amor.
La madurez produce estabilidad y una iglesia estable puede ayudar a muchos otros a crecer.
Conclusión: Sigamos creciendo
Veamos los siguientes versículos.
Efesios 4:15-16 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
Todos nosotros necesitamos crecer, mientras algunos apenas estamos comenzando, otros llevamos muchos años caminando con el Señor. Pero ninguno puede decir que ya terminó de madurar.
- Necesitamos preguntarnos si todavía seguimos pensando únicamente en nosotros.
- Necesitamos preguntarnos si estamos ayudando a otros a crecer.
- Y necesitamos recordar que el propósito de Dios nunca fue llenar edificios, sino formar creyentes que reflejen el carácter de Cristo.
1 Pedro 2:2 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,
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