Fortaleceos en el Señor: Notas de predicación

domingo, 16 de agosto de 2026


Introducción: Cuando Decidimos Crecer
 
En semanas pasadas hemos tocado el tema del crecimiento en el creyente, cómo saber si realmente está ocurriendo y cuáles son algunos de los obstáculos que pueden impedirlo. Ahora es tiempo de atraer el tema hacia quienes entendemos que sí se están preocupando por su desarrollo espiritual.
 
Quizá en medio de esta serie de temas que hemos tocado has renovado tu deseo de seguir a Cristo. Te has llenado nuevamente de energía y tu ánimo está en alto, queriendo participar de todo lo posible en la evangelización. Tu tiempo libre lo ocupas en actividades sanas que te permiten crecer en todos los ámbitos y no solamente en lo secular.
 
Pero ahora vengo a decirte algo incómodo: alguien está molesto con que hayas decidido reflexionar y cambiar. Se le revuelve el estómago de verte progresar espiritualmente y está decidido a entorpecer, bloquear, interrumpir, distraerte y molestarte con la intención de que claudiques o procrastines tanto como sea posible.
 
¿Quién es ese alguien?
 
Quizá tengas a muchos haciendo fila. No es el compañero de la escuela, no es tu vecino, no es el arrendador y tampoco es tu ex. Hay alguien más interesado en que abandones tu crecimiento espiritual.
 
La Escritura no presenta a este enemigo como un personaje de fantasía. Al contrario, nos advierte acerca de él y nos enseña cómo permanecer firmes.
 
Por eso Efesios 6:10 nos dice:
 
Efesios 6:10 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.
 
La invitación no es solamente a crecer cuando las cosas son fáciles. Es a fortalecernos porque existe una lucha.
 
Primera Parte: Conoce al Enemigo y Permanece Firme
 
No sé qué tan normalizado esté hablar en nuestra cultura acerca de Satanás. Hasta cierto punto, cuando se menciona su nombre, algunas personas lo colocan inmediatamente en la categoría de seres míticos, poco creíbles o propios de historias antiguas.
 
Y quizá ese sea precisamente uno de los problemas: subestimar aquello que las Escrituras nos mandan tomar con seriedad.
 
A través de los siglos se han contado muchas historias acerca de Satanás, pero nuestra fe no depende de relatos populares ni de historias como aquella de “el abuelo y Satanás en el cerro”. Nuestra referencia tiene que ser mucho más certera: las Escrituras.
 
Entonces, ¿qué nos dicen?
  • Satanás quiere destruir.
Jesús advierte en Juan 10:10 acerca del propósito del ladrón: robar, matar y destruir. El creyente debe entender que existe una oposición real contra aquello que Dios está haciendo en su vida.
 
  • Satanás busca a quién devorar.
1 Pedro 5:8 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
 
No es una invitación a vivir aterrorizados, sino una advertencia para permanecer despiertos.
 
  • Satanás puede presentarse de manera engañosa.
2 Corintios 11:14 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.
 
Enseña que el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.
 
Por eso no todo lo que parece bueno necesariamente nos acerca a Dios. No toda oportunidad, deseo, pensamiento o distracción merece ser aceptado sin antes ser examinado a la luz de las Escrituras.
 
Cuando usted llega a descansar a su casa o a dormir, la lucha espiritual no se detiene simplemente porque terminó su día. El enemigo no necesita hacer ruido para distraernos. A veces basta una tentación, una preocupación, una distracción, una mentira o una pequeña concesión que poco a poco nos aleje de aquello que habíamos decidido hacer.
 
Pero aquí encontramos una verdad importante: el creyente no está indefenso.
 
Efesios 6:11 nos manda vestirnos de toda la armadura de Dios para poder permanecer firmes contra las asechanzas del diablo.
 
No se nos dice que ignoremos al enemigo, pero tampoco se nos dice que vivamos aterrorizados por él.
 
Se nos dice: permanezcan firmes.
 
Segunda Parte: Nuestra Lucha No Es Contra Otros Creyentes
 
No sé en qué etapa de la lucha te encuentres con este enemigo. Quizá llevas mucho tiempo enfrentándolo y ya reconoces algunas de sus estrategias. Quizá apenas estás comenzando a tomar en serio tu vida espiritual y no sabes todavía cómo reaccionar ante ciertas dificultades.
 
Pero hay algo que debes recordar: no estás solo.
 
Cuando aceptaste a Cristo en tu vida, comenzaste una nueva vida y pasaste a formar parte del pueblo de Dios. Eso no significa que todos los creyentes pensemos exactamente igual, ni que nunca tendremos diferencias.
 
De hecho, podemos caer en un error muy común: comenzar a considerar enemigo a otro creyente simplemente porque no hace las cosas exactamente como nosotros.
 
En Marcos 9:38-40 encontramos a los discípulos preocupados porque habían visto a alguien haciendo una obra en el nombre de Jesús, pero no pertenecía al grupo que ellos reconocían. Jesús les respondió que no se lo prohibieran y les recordó que “el que no es contra nosotros, por nosotros es.”
 
Esto también nos enseña algo importante para nuestra lucha espiritual: no confundamos al enemigo.
 
Nuestra lucha no es contra el hermano que tiene una opinión diferente, contra otro ministerio, contra alguien que no tiene nuestra misma personalidad o contra aquel creyente con quien simplemente no coincidimos.
 
Efesios 6:12 nos recuerda que nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra las fuerzas espirituales de maldad.
 
Entonces:
  • No conviertas al hermano en tu enemigo.
  • No desperdicies tus fuerzas peleando por asuntos secundarios.
  • No permitas que las diferencias dentro de la iglesia te hagan olvidar la verdadera batalla.
  • No dejes que una discusión te robe el deseo de servir a Cristo.
En ocasiones la lucha por permanecer en la fe puede sentirse solitaria. Podemos llegar a pensar: “¿Por qué solamente yo estoy pasando por esto?”
 
Pero recuerde que otros también han experimentado dificultades.
 
¿Conoce a alguien que la está pasando mal? Entonces ore por esa persona, aliéntele, motívele y exhórtele de la misma manera que usted espera que algún día alguien le extienda la mano.
 
La iglesia no solamente debe ser un lugar donde recibimos ayuda. También debe ser un lugar donde aprendemos a sostener a otros.
 
Tercera Parte: ¿Qué Significa Fortalecerse en el Señor?
 
¿Qué significado tiene la palabra “fortalecerse”?
 
Si usted fuera a un gimnasio, probablemente le dirían que se someta a una disciplina: levantar cierto peso, dominarlo y después aumentar progresivamente la carga. También tendría que cuidar su alimentación y mantener cierta constancia.
 
Para quien se encuentra internado en un hospital, el fortalecimiento puede tener otro significado. El reposo es importante, pero después llega el momento de levantarse poco a poco y comenzar a hacer aquello que el cuerpo puede realizar bajo supervisión.
 
Para el creyente, “Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” adquiere un significado espiritual.
 
No significa que dependamos únicamente de nuestra fuerza de voluntad.
 
Significa aprender a depender de Dios.
 
  • La oración no puede faltar.
Efesios 6:18 termina esta enseñanza llamando al creyente a orar en todo tiempo, con perseverancia y también por los demás.
 
La oración no es solamente el recurso que utilizamos cuando ya no sabemos qué hacer. Es una disciplina que nos mantiene cerca de Dios.
  • La Escritura es fundamental.
Efesios 6:17 presenta la Palabra de Dios como la espada del Espíritu.
 
Por eso estudiar la Biblia no puede convertirse en una actividad ocasional. Si queremos reconocer la mentira, necesitamos conocer la verdad.
  • La fe debe mantenerse activa.
Efesios 6:16 presenta el escudo de la fe como aquello con lo que podemos apagar los dardos de fuego del maligno.
 
La fe no consiste en negar que existen problemas. Consiste en decidir que, aun en medio de ellos, continuaremos confiando en Dios.
  • Debemos permanecer en la verdad y en justicia.
Efesios 6:14 habla de ceñirse con la verdad y vestirse con la coraza de justicia.
 
Esto significa que nuestra vida no puede dividirse entre lo que creemos el domingo y lo que hacemos el resto de la semana.
 
Si estamos creciendo espiritualmente, nuestra manera de hablar, decidir, trabajar, estudiar, relacionarnos y enfrentar las tentaciones también debe comenzar a cambiar.
  • Debemos permanecer alertas.
La armadura de Dios no es algo que utilizamos solamente el día que sabemos que tendremos una dificultad. El llamado es a estar preparados.
 
Por eso Pedro dice:
 
1 Pedro 5:8a Reina-Valera 1960 (RVR1960)
“Sed sobrios, y velad…”
 
No podemos permitir que la comodidad nos haga bajar la guardia.
 
Conclusión: Permanece Firme
 
Satanás no quiere que usted crezca espiritualmente. Si ha comenzado a orar nuevamente, estudia las Escrituras, participa en la evangelización, busca vivir una vida diferente y procura acercarse más a Cristo, entonces no debería sorprenderle encontrar obstáculos.
 
Pero aquí está la diferencia: los obstáculos no significan que debamos detenernos.
 
No permita que una distracción se convierta en abandono. No permita que una caída se convierta en una excusa para dejar de caminar. No permita que una diferencia con otro creyente le haga abandonar la iglesia. No permita que una tentación consiga que usted olvide todo lo que Dios ya ha hecho en su vida.
 
Y recuerde algo más: no tenemos que vencer con nuestras propias fuerzas.
 
El texto no comienza diciendo “sean fuertes ustedes mismos”. Dice: “fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.”
 
Por eso:
  • Ore.
  • Estudie las Escrituras.
  • Mantenga activa su fe.
  • Permanezca en la verdad.
  • Viva en justicia.
  • Manténgase alerta.
  • Ore también por otros creyentes.
  • Y cuando llegue el día malo, permanezca firme.
Quizá hoy se sienta cansado. Quizá lleve semanas luchando con la misma tentación. Quizá ha pensado que sería más fácil abandonar.
 
Pero no confunda cansancio con derrota.
 
Todavía puede levantarse. Todavía puede orar. Todavía puede abrir las Escrituras. Todavía puede volver a servir. Todavía puede permanecer firme.
 
No se permita descansar lejos del Señor. Descanse en Él. No abandone la batalla simplemente porque se ha vuelto difícil. Permanezca atento, diligente y sobrio. Porque la meta del creyente no es simplemente comenzar bien. Es permanecer firme hasta el final.
 
Y después de haber hecho todo lo necesario para permanecer de pie, que podamos decir como dice Pablo:
 
Efesios 6:13c Reina-Valera 1960 (RVR1960)
“...y habiendo acabado todo, estar firmes.”
 
 

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