Vivir con Propósito: Fundamentos de una Vida Íntegra
domingo, 31 de agosto de 2025
Uno de los valores más altos que una persona puede cultivar es la integridad, y con intención usamos esta palabra relacionada con la siembra. Una planta se desarrolla mientras la observamos y aun cuando dormimos, es decir, que no dejará de crecer, bien o mal, según cómo se haya preparado la tierra y se le cuide. En una persona, esto se traduce en lo que hacemos mientras nos observan y en lo que accionamos cuando nadie nos presta atención, como resultado del potencial que existe en nuestro interior, pero también de cómo nos “alimentamos”.
Ser coherentes en principios y valores ante situaciones complicadas que van escalando, termina llevando a algunas personas a un conflicto interno por mantenerse íntegros o, por el contrario, a la desensibilización. Para mantenernos firmes en lo que sí se debe hacer, existen principios fundamentales de nuestra vida diaria, entre los que destacan: la verdad, la justicia y andar con paz. No debemos ver lo anterior como algo abstracto, sino como herramientas que nos permitan guiar nuestras acciones, fortalecer el carácter ante lo más difícil de decidir y, por supuesto, nos permitan vivir con coherencia en lo personal y social.
Primera parte: La Verdad: Cimiento de la Integridad
En una plática alguna vez escuché decir que la verdad es el cimiento donde se construye toda vida íntegra. No siempre es fácil decir la verdad sin lastimar, incluso puede ser desalentador hablarla en situaciones como la enfermedad, donde nos llegamos a paralizar al no saber llevar los hechos a interlocutores que se puedan negar a aceptar un diagnóstico.
En el “mundo” de los creyentes, algunos se refieren a las mentiras piadosas como la respuesta al manejo de las verdades difíciles de comunicar. Pero en realidad, lo que vemos es el resultado de la lucha entre “el mundo y la carne”, debido a que no hemos formado en nosotros la costumbre de hablar siempre con la verdad, y debido a esto, no aprendemos a manejar las situaciones como lo que son.
En la vida diaria, hablar con la verdad comienza por reconocer nuestros errores, no engañar con el manejo del dinero, y ser coherentes entre lo que decimos y hacemos. Cuando andamos en la verdad, nuestra conciencia está limpia y nos permite ser claros y precisos en nuestras decisiones. Veamos el siguiente versículo:
Juan 8:44 – Dios Habla Hoy (DHH)
44 El padre de ustedes es el diablo; ustedes le pertenecen, y tratan de hacer lo que él quiere. El diablo ha sido un asesino desde el principio. No se mantiene en la verdad, y nunca dice la verdad. Cuando dice mentiras, habla como lo que es; porque es mentiroso y es el padre de la mentira.
Vemos en el versículo anterior una situación que señala la decadencia en algunos. La deshonestidad es algo tan recurrente que, aun entre creyentes, esta abunda. Aun entre predicadores que malversan las ofrendas y recursos de la congregación para concederse caprichos, y reclaman honestidad de sus seguidores para tener aún más de dónde robar. Lo anterior es algo grave, pero nadie puede mentir con una memoria tan perfecta como para un día no ser descubierto. Necesitamos desear la honestidad sobre nosotros mismos (1 Juan 1:7-9).
Segunda parte: La Justicia: Actuar con Equidad en Toda Circunstancia
Dar a cada quien lo que le corresponde y luchar por lo correcto, a esto podemos llamar equidad, que es la que nos guiará a la justicia. Quien se considera íntegro no sacará ventaja personal sobre otros usando su posición, sino que frenará cualquier impulso. Esto lo podemos ver en lo cotidiano: al ver cómo es nuestro trato con otros, cómo juzgamos en lo privado las situaciones de otras personas, y cómo usamos nuestra “posición” para ayudar a favor del necesitado.
Nuestra justicia no nos hace salvos delante de Dios, pero refleja la justicia de Cristo por medio de nuestra fe (Efesios 2:8-10).
Tercera parte: La Paz: Fruto de una Relación Restaurada con Dios
Evitar conflictos, ser paciente o respetuoso no es el significado completo de andar con paz por la vida. Nuestra relación sana con Dios es la que necesita ser restaurada para poder hablar de una verdadera paz. Hay quienes, llevando una vida de excelencia, se encuentran internamente en conflicto constante y sin descanso.
La integridad se fortalece cuando no alimentamos rencores, o causamos división, sino que buscamos la justicia que viene por la igualdad. No somos más que otros. Veamos los siguientes versículos:
Filipenses 2:3-7 – Dios Habla Hoy (DHH)
3 No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. 4 Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros. 5 Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, 6 el cual: Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, 7 sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera,
Lo anterior es lo que predicamos como el evangelio de la paz. En la vida diaria, esto se traduce en resolver desacuerdos, medir el alcance de nuestras palabras y ser empáticos incluso cuando nos han dañado. Una persona íntegra promueve la paz. Los creyentes lo hacemos a través de llevar la palabra de Dios a otros.
Conclusión
La integridad, como una planta, no puede ser atendida solo por un momento; requiere cuidado diario, constancia y compromiso. Vivir en la verdad, actuar con justicia y escoger el camino de la paz no solo forma nuestro carácter, sino que da fruto: un testimonio genuino y una conciencia limpia. En un mundo donde la oscuridad del carácter se ha vuelto común, estamos llamados a marcar la diferencia. Que nuestras acciones reflejen el carácter de Dios, y que, siendo luz y sal, inspiremos a otros a caminar con integridad.
Salmos 15:1-2 – Dios Habla Hoy (DHH)
1 Señor, ¿quién puede residir en tu santuario?, ¿quién puede habitar en tu santo monte? 2 Sólo el que vive sin tacha y practica la justicia; el que dice la verdad de todo corazón;
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