¡Vengan y aclaremos las cuentas!, notas predicación

domingo, 12 de abril de 2026


Introducción
Algunas personas en ocasiones experimentan remordimientos por los recuerdos de experiencias de la vida y por las decisiones que tomaron de manera descuidada. Entre ellos están quienes viven pensando en el pasado e incapacitados de lograr cambios en el presente, quizá atados por sentimientos de culpa. Estas son las preguntas que en secreto se hacen a sí mismos:
  • ¿En qué he fallado?
  • ¿Podría haber tomado una mejor decisión?
  • ¿Seré perdonado?
Por otro lado, tenemos también a quienes, viviendo en el presente, no les interesa recordar nada acerca de decisiones fallidas y caminan hacia un futuro sin remordimientos, pero quizá también sin aprendizaje de los errores pasados. Estas son algunas de las ideas en su pensar:
  • Solo importa el ahora.
  • La vida es corta y no hay que preocuparse.
  • “Lo bailado quién me lo quita”.
Es difícil no pasar por una de estas mentalidades en algún momento de la vida. Estas semanas hemos estado estudiando el tema de la resurrección de Jesús y hoy trataremos de exponer un breve contraste entre distintos aspectos de la incredulidad.

Por un lado tenemos a las mujeres que visitaron la tumba vacía y por otro lado al futuro apóstol Pedro.

Primera parte: Las mujeres y la tumba vacía
Veamos el siguiente versículo:

Marcos 16:1 Nueva Traducción Viviente (NTV)
El sábado al atardecer, cuando terminó el día de descanso, María Magdalena, Salomé y María, la madre de Santiago, fueron a comprar especias para el entierro, a fin de ungir el cuerpo de Jesús.

Empecemos con las mujeres que visitaron la tumba vacía. Hemos hablado ya del temor o los miedos que experimentaron, pero la incredulidad es un aspecto aún por explorar. Tenemos a tres mujeres preparándose para ungir un cadáver como último acto de amor y despedida para Jesús.

En su incredulidad, ellas no esperaban su resurrección, aunque Jesús ya la había anunciado. Si bien vieron muchos milagros que él hizo en vida y escucharon hablar de distintos misterios del Reino de Dios, todas esas palabras y acciones quedaron en el olvido ante la crucifixión, lo cual no es poca cosa.

Por un momento pensemos en la escena que ellas contemplaron: el cuerpo destrozado de Jesús siendo bajado de la cruz y llevado al sepulcro. Es difícil incluso para nosotros hoy imaginar cómo un cuerpo tan herido y traspasado por una lanza pudiera volver a la vida.

La incredulidad ante las promesas de Dios es una fuente inagotable de preocupaciones. Ante las palabras de Jesús acerca de su resurrección, tanto los discípulos como ellas deberían simplemente haber esperado su cumplimiento. No había razón para preocuparse; todo temor debía ser reemplazado por la fe en sus promesas.

Veamos el siguiente versículo:

Marcos 16:3 Nueva Traducción Viviente (NTV)
En el camino, se preguntaban unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada de la tumba?»

Como podemos observar, ellas tenían una preocupación aparentemente muy válida. Así también, nosotros en lo cotidiano tenemos preocupaciones que parecen una piedra enorme que sentimos que no podremos mover. Esto puede llevarnos a considerar a Jesús como alguien “muerto” que no podrá resucitar ni mover la piedra.

Hoy en día encontramos personas que en su incredulidad acuden a prácticas como la brujería, porque no consideran a Dios como el “Dios vivo” que puede ayudarles (y, en el peor de los casos, están conscientes de que sus caminos no son correctos).
  • La incredulidad da lugar en ocasiones a una resignación no justificada. Es más fácil acudir a prácticas equivocadas que doblar las rodillas ante Dios y pedirle que se haga su voluntad.
 Segunda parte: El mensaje del ángel y la mención de Pedro
“Por suerte”, Dios en aquella ocasión tenía previsto el acontecimiento y envió un ángel. Veamos el siguiente versículo:

Marcos 16:7 Nueva Traducción Viviente (NTV)
Ahora vayan y cuéntenles a sus discípulos, incluido Pedro, que Jesús va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo antes de morir».

En aquella ocasión, Dios envió un ángel para ayudar a estas tres mujeres a entender lo que estaba ocurriendo. Pero ni en la vida cotidiana ni en la narrativa bíblica es común que los ángeles acudan constantemente en nuestro auxilio. Esto fue un acto específico de la voluntad de Dios.

En el versículo leemos: “incluido Pedro”. ¿Por qué el ángel menciona a Pedro por separado? ¿Acaso no era también discípulo?

Tercera parte: Pedro y su debilidad
En el capítulo 14 de Marcos, a partir del versículo 26, se anuncia que Pedro negaría a Jesús en tres ocasiones. Veamos el siguiente versículo:

Marcos 14:31 Nueva Traducción Viviente (NTV)
—¡No!—exclamó Pedro enfáticamente—. Aunque tenga que morir contigo, ¡jamás te negaré! Y los demás juraron lo mismo.

Hay cosas que ocurren en nuestra vida que no creemos ser capaces de hacer. Desconocemos mucho de nosotros mismos, pero Dios lo sabe todo. En ese momento, Pedro era incrédulo —junto con los demás discípulos— respecto a la posibilidad de traicionar a Jesús.

En ocasiones hacemos promesas esperando que no seamos probados para cumplirlas. Sin embargo, hay quienes las hacen sin meditar en la profundidad de sus palabras, incluso prometiendo en nombre de Dios abandonar algún vicio o conducta dañina, y luego regresan una y otra vez arrepentidos, confiando en que esta vez sí cumplirán.

Estoy seguro de que todos los discípulos estaban convencidos de que jamás negarían a Jesús, pero cuando llegó el momento de la cruz, olvidaron sus palabras.

En tiempos de tranquilidad es fácil confiar, pero cuando la situación cambia, muchas veces miramos hacia otro lado. El corazón del hombre es así (Jeremías 17: 5).

Cuarta parte: El fracaso de Pedro y el propósito de Dios
Por tanto, alguien tenía que ir a buscar a Pedro y decirle que aún seguía siendo discípulo, aunque no había cumplido su palabra.

Seguramente se encontraba reflexionando sobre lo vivido durante esos años, y aunque vio cumplirse la profecía de su negación (Marcos 16: 30, Marcos 16: 72), no recordó o no pudo creer la profecía de la resurrección de su Señor (Marcos 16: 28).

Nuestros fallos del pasado no tienen que definir toda nuestra vida. Pedro siguió a Jesús después de su arresto, quizá esforzándose por cumplir su palabra. A cada paso, perdía más su fuerza hasta que finalmente no pudo mantenerse fiel.

Su fracaso debió sumirlo en profunda tristeza y desesperación. Pero Jesús esperaba que Pedro, el que habló con tanta seguridad, regresara para ser transformado. Dios no se olvida de nosotros aun en nuestros fracasos.

Conclusión
No nos quedemos encadenados al sentimiento de culpa, pero tampoco vivamos en el autoengaño fingiendo que no hemos fallado. Dios nos llama a la confesión y al arrepentimiento: reconocer nuestro pecado, pedir perdón y decidir cambiar.

A partir de esto, debemos seguir adelante, conscientes de nuestros errores para no repetirlos, pero con plena confianza en el perdón de Dios.

Apelemos a la misericordia del Señor, pongámonos hoy a cuentas con Él y volvamos a empezar.

Isaías 1:18 Nueva Biblia Viva (NBV)
¡Vengan y aclaremos las cuentas! —dice el Señor—, por profunda que sea la mancha de sus pecados, yo puedo quitarla y dejarlos tan limpios como la nieve recién caída. ¡Aunque sus manchas sean rojas como el carmesí, yo puedo volverlas blancas como la lana!


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