Cuando Ya No Se Puede Regresar: Notas de Predicación
domingo, 14 de junio de 2026
Introducción
Estamos acostumbrados a que cuando abrimos nuestras Biblias y nos dirigimos a los pasajes donde Jesús habla, las enseñanzas suelen tratar acerca del amor, la misericordia, el perdón y la paz. Sin embargo, existen algunas excepciones. El pasaje que estudiaremos hoy es una de ellas.
En esta ocasión, Jesús nos presenta una historia que habla sobre el infierno como un lugar de sufrimiento, un lugar del que hay que permanecer alejados y del cual no se puede regresar.
Muchas personas prefieren evitar estos temas. Hablar del juicio eterno no resulta agradable para nuestra generación. Sin embargo, Jesús consideró importante enseñarlo porque deseaba que las personas comprendieran la importancia de las decisiones que toman durante esta vida.
Hoy estaremos meditando sobre dos hombres completamente diferentes, sus vidas, sus muertes y los destinos eternos que les esperaban. También reflexionaremos sobre la responsabilidad que tenemos de compartir el mensaje de salvación mientras aún hay tiempo.
Primera Parte: Dos Hombres, Dos Realidades
El relato comienza hablándonos de un hombre rico. Jesús nos dice que vestía de púrpura y de lino fino.
En aquellos tiempos, la púrpura era un color extremadamente costoso. Generalmente era utilizado por la realeza o por personas de gran poder económico para demostrar públicamente su riqueza. Podemos pensar en ello como algunas personas hoy en día que utilizan automóviles de lujo, relojes exclusivos o artículos costosos que llaman la atención de quienes los rodean.
Además, se nos dice que vestía lino fino. Algunos historiadores señalan que ciertas telas de lino egipcio podían alcanzar valores extraordinarios para la época. Jesús utiliza esta descripción para dejar claro que estamos frente a un hombre inmensamente rico.
Pero no solamente era rico. También nos dice que cada día hacía banquete con esplendidez. No se trataba de una ocasión especial, sino de una costumbre diaria. Mientras muchas personas luchaban por conseguir alimento, este hombre vivía rodeado de abundancia.
No sabemos cuál era su ocupación. Quizás heredó una fortuna, quizás era un comerciante exitoso o incluso alguna autoridad importante. Lo cierto es que nada material parecía faltarle.
Luego Jesús nos presenta a un segundo hombre llamado Lázaro.
Es interesante observar que el hombre rico nunca recibe un nombre en el relato, pero el mendigo sí.
¿Qué nos enseña esto?
Las Escrituras nos muestran que Dios conoce personalmente a los suyos.
Juan 10:3 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
3 A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.
Poco sabemos acerca de Lázaro. Solamente se nos dice que era mendigo y que estaba echado a la puerta del rico, cubierto de llagas.
Quizás vivía en la calle. Quizás había pasado muchos años dependiendo de la compasión de otros. Tal vez había sido olvidado por la sociedad. No sabemos quién fue antes de convertirse en mendigo ni cuánto tiempo llevaba sufriendo aquella condición.
Mientras el rico buscaba hacerse notar, Lázaro probablemente pasaba desapercibido para la mayoría de las personas.
Sin embargo, ser ignorado por los hombres no significa ser olvidado por Dios.
1 Samuel 16:7 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
Lo que para la sociedad parecía insignificante, era conocido perfectamente por Dios.
Segunda Parte: La Muerte Llega para Todos
Después de describir sus vidas, Jesús dirige nuestra atención hacia un acontecimiento inevitable para ambos hombres: la muerte.
Se nos dice que murió primero el mendigo.
Algo así podría parecer esperado después de años de enfermedad, mala alimentación y sufrimiento. Sin embargo, la Biblia no nos entrega muchos detalles sobre su muerte.
Quizás nadie organizó un funeral para él. Quizás pocas personas notaron su ausencia. Tal vez algunos pasaron junto al lugar donde solía estar sentado y simplemente continuaron con sus vidas.
La realidad es que muchas veces sabemos muy poco acerca de quienes nos rodean. Incluso con el paso de los años olvidamos detalles de familiares que amamos profundamente. Cuánto más fácil resulta olvidar a alguien que vivía en la marginación.
Pero aunque los hombres lo olvidaran, Dios no lo había olvidado.
Luego encontramos la muerte del hombre rico.
Podemos imaginar que su muerte fue muy diferente. Tal vez hubo preparativos, familiares, herederos y ceremonias. Quizás dejó propiedades, riquezas y posesiones. Probablemente muchas personas hablaron de él.
Sin embargo, la muerte tiene como característica que iguala a todos los seres humanos.
Hebreos 9:27 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,
Las riquezas pueden comprar muchas cosas en esta vida, pero no pueden comprar un día más de existencia ni un lugar en la eternidad.
Salmos 49:16-17 Dios Habla Hoy (DHH)
16 No te inquietes si alguien se hace rico y aumenta el lujo de su casa, 17 pues cuando muera no podrá llevarse nada, ni su lujo le seguirá al sepulcro.
Tanto el mendigo como el rico tuvieron que comparecer delante de Dios.
Tercera Parte: Una Eternidad que No Puede Cambiarse
Después de la muerte encontramos el contraste más impactante de toda la historia.
Lázaro fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.
Aunque existen diferentes interpretaciones acerca de este lugar dentro de los estudios escatológicos, lo importante es comprender que Lázaro fue recibido entre los justos y se encontraba en consuelo y descanso.
Por otro lado, el hombre rico terminó en tormento.
Algo muy interesante es que sus sentidos continuaban con él. Podía ver, escuchar, hablar, recordar y sentir.
También conservaba la memoria de su vida pasada.
- Recordaba quién era.
- Recordaba a sus hermanos.
- Y comprendía perfectamente por qué había llegado a ese lugar.
Lucas 16:28 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
Ahora aquello que antes parecía no importarle se había convertido en una preocupación urgente.
Comprendía que sus hermanos estaban recorriendo el mismo camino que él había recorrido.
Hoy también existen personas que saben que viven lejos de Dios. Conocen el mensaje del evangelio, entienden las consecuencias de rechazarlo y aun así continúan caminando hacia la perdición.
Lo más llamativo es que el hombre rico pidió que Lázaro fuera enviado a advertir a sus hermanos.
Esto significa que reconocía perfectamente quién era aquel hombre que había permanecido durante años a la puerta de su casa.
- Lo había visto.
- Sabía de su sufrimiento.
- Conocía su necesidad.
- Pero mientras tuvo oportunidad nunca hizo nada por él.
Proverbios 21:13 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
13 El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído.
Sin embargo, Abraham le respondió que sus hermanos ya tenían suficiente testimonio.
Lucas 16:29 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
El problema nunca fue la falta de evidencia.
El problema fue la falta de disposición para escuchar a Dios.
Conclusión: Mientras Hay Tiempo
Esta historia no fue contada para satisfacer nuestra curiosidad acerca del más allá.
Jesús la contó para llamarnos al arrepentimiento y para recordarnos que la eternidad es una realidad.
También nos deja una pregunta importante.
¿En qué momento nos preocuparemos por quienes están perdidos?
¿Quién les hablará acerca de la salvación?
El hombre rico quería que alguien regresara para advertir a sus hermanos, pero Abraham dejó claro que el mensaje ya había sido entregado.
- Hoy tampoco existe un Lázaro que pueda regresar.
- Dios ha confiado ese mensaje a su iglesia.
- Somos nosotros quienes conocemos el evangelio.
- Somos nosotros quienes conocemos el camino de salvación.
Romanos 10:14 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
Conocer este mensaje debe producir algo en nosotros.
Debe impulsarnos a actuar.
Debe motivarnos a compartir la esperanza que hemos recibido.
Porque llegará el día en que toda oportunidad habrá terminado, pero hoy todavía hay tiempo para creer, arrepentirse y anunciar las buenas nuevas de salvación.
Marcos 8:36 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
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