¿Dónde quedó el entusiasmo?: notas de predicación.

domingo, 12 de octubre de 2025


Introducción

El tema del día de hoy es acerca de cómo la pérdida de sentido y entusiasmo nos lleva a vivir por inercia, y por qué es vital reconectar con el propósito, la colaboración y la esperanza en Dios. En ocasiones andamos por la vida en automático, sin saber qué pasa, sin querer sentir algo. Continuamos haciendo cosas, pero no porque pensemos que algo bueno resultará; la costumbre se impone o sentimos que es nuestro deber. Es como un río seco. Algunos dicen: la estructura, el cauce está allí, pero el agua no fluye más. Nuestro deseo por hacer, la emoción por experimentar se han perdido. Esto no ocurre de un día para otro, pero nos encontramos viviendo las consecuencias: cumplimos lo que tenemos que hacer, como si no esperáramos nada más. ¿Cómo ocurrió esto? ¿Cómo podemos salir de esta situación?


Primera parte: Cuando nada se espera.

Nos encontramos viviendo en la formalidad, sin conexión ni emoción. Decimos que sí, nos encontramos presentes, hacemos lo que tenemos que hacer... pero no nos entusiasma, nos resignamos calladamente. Actuamos viendo que las cosas ocurren como siempre han sido y no esperamos que nada sea distinto, "sembrando en el campo seco sabiendo que no lloverá".

Muchas congregaciones en el presente se enfrentan a la situación descrita con anterioridad. Pero ¿qué es de estas si sus participantes, en lo individual, reflejan lo mismo? Si es que hay alguna diferencia entre estar cansados y estar agotados, es aquí donde lo podemos notar. Veamos los siguientes versículos:

Salmos 143:6 Dios Habla Hoy (DHH)
6 Hacia ti tiendo las manos, sediento de ti, cual tierra seca.

Salmos 42:1 Dios Habla Hoy (DHH)
1 Como ciervo sediento en busca de un río, así, Dios mío, te busco a ti.

En los versículos anteriores se refleja algo de esperanza cuando, en autorreflexión, comprendemos nuestra situación. Tanto creyentes como quienes no lo son experimentan desesperanza. Esto también se puede traducir en una sensación de aislamiento, aunque nos encontremos en medio de una multitud haciendo bullicio, cantando y levantando las manos. En lo secreto, nos sentimos apartados y solos. Pero no lo estamos.

Como creyentes, es común que algunos, “atados” a la formalidad, al puesto designado o a la antigüedad (líderes), les cueste trabajo pedir ayuda, colaborar, abrirse a otros. Y sin esto, la empatía y el interés por las cosas que compartimos se debilitan.

  • ¿Cómo puede algo cambiar si no creemos que sea posible?

Segunda parte: Hacer con sentido, viendo al futuro.

Andar por la vida no se puede reducir a estancarnos en la rutina: trabajar, ir a la escuela, cuidar a la familia, atender al perro, ir a la iglesia y tantas otras cosas, pero sin conectar o recordar con qué propósito estamos allí, en ese lugar y momento.

Por tanto, necesitamos recordar lo importante de poner nuestra vista más allá, porque si no pensamos en el futuro, entonces realmente lo hemos perdido. Cuando no sabemos a dónde vamos, lo que estamos haciendo pierde todo sentido.

  • ¿Puede entenderse, en base a lo anterior, por qué muchos creyentes y congregaciones se encuentran en “automático”?
  • ¿Por qué es importante conocer cómo perdimos la pasión, el gusto en aquello que estamos haciendo?

La pasión y el gusto por lo que hacemos no se trata solo de emoción. Es conexión, es vivir con propósito. Cuando nuestro interés es real en lo que hacemos, surge un vínculo entre quienes somos y lo que estamos por construir.

Cuando lo único en lo que pensamos es en la derrota, donde no hay nada que cambiar, fácilmente somos presa del enojo y la desesperanza. Entonces, a todo aquello que nos mueva de esa zona de confort, le ponemos resistencia.


Conclusión: Volver a hacer que el río fluya

La falta de pasión y gusto por lo que hacemos puede secarnos por dentro, pero no somos tierra estéril. Recuperar el deseo por aprender, colaborar, cuidar y mirar a otros nos ayudará a reconocer que no estamos solos. La pasión y el gusto por la vida no surgen de cumplir las obligaciones, sino de vivir con profundidad.

Pida a Dios que, si en este momento se siente como un río seco, le recuerde que el cauce sigue allí. Y si hay cauce, entonces puede volver a llevar agua.

Juan 7:38 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.



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