Los que viven en obediencia al Espíritu de Dios, notas predicación
domingo, 8 de febrero de 2026
Vivir plenamente es quizá el propósito más noble que podemos seguir y, por tanto, definirlo de manera sencilla puede resultar complicado. Sin embargo, haremos lo posible a continuación. Cuando hablamos de sentirnos en plenitud, nos referimos, en términos de diccionario, a estar en el apogeo o en la etapa máxima que podemos alcanzar. Entonces, quien dice sentirse así es porque, en todas las áreas de su vida, ha logrado las metas y propósitos que planeó para un determinado tiempo.
Como ejemplo, podemos citar la idea: “un joven siente plenitud en la juventud”. Aunque hay cierto grado de redundancia en la frase, la costumbre nos indica que, con el pasar de los años, se pueden perder algunas facultades que nos caracterizaban en la juventud y que, por ende, nos podemos llegar a sentir en decadencia. Por tanto, otra forma de entender este diálogo, desde un punto de vista más espiritual, sería comprender que el sentirnos en plenitud puede ir más allá de un aspecto físico como la edad.
Primera parte
Con el pasar de los años, el creyente necesita buscar su plenitud diariamente. Hay jóvenes que son viejos en lo espiritual debido al desgaste de la vida, pero también a que ya no experimentan la misma alegría que sintieron en algún momento al confesar a Cristo como su Salvador.
Hoy en día es común encontrar, en los pueblitos, gente de edad avanzada que se ve llena de vida, con una plenitud que es menos común en las ciudades. ¿A qué se deberá esto? Desde un punto de vista práctico, podemos pensar que la gente en los pueblitos, llevando una vida más rústica, se ve en la necesidad de mantenerse muy activa hasta una edad avanzada y, quizá, podamos verlo como una analogía espiritual con respecto a esa plenitud a la que nos queremos referir.
Otros conceptos relacionados con la plenitud serían sentirse abundante, lleno, completo y realizado. ¿Puede imaginarse cómo sería sentirse así cada uno de sus días desde que conoció a Cristo y hasta que tengamos que abandonar este cuerpo?
Quizá, cuando nos acostumbramos a estar en un estado de relajación y sin “brincos” en la vida, por aparentemente tenerlo todo, puede dar como resultado no sentirnos realizados. Algo falta en nuestro interior y no sabemos cómo describirlo. Esto ocurre porque necesitamos un propósito en la vida y desafíos constantes. Entonces, ¿cómo podemos vivir una vida plena y evitar que se desgaste nuestro estado de ánimo? Para responder esto, el creyente debe comprender primero en dónde se necesita fundamentar nuestra plenitud. Veamos el siguiente versículo:
1 Juan 2:1 Traducción en lenguaje actual (TLA)
Yo los quiero a ustedes como a hijos. Por eso les escribo esta carta, para que no pequen. Pero si alguno peca, Jesucristo es justo y nos defiende ante Dios el Padre.
Segunda parte
La familia es la base de la iglesia y, quizá, en este momento no asista a una iglesia, pero sí tenga una familia o amigos muy cercanos. Para este ejemplo, nos bastará entender que las relaciones interpersonales con otros miembros también pueden ser de carácter espiritual. La plenitud comienza en una buena relación con la familia, en la que estemos dispuestos tanto a aceptar señalamientos como a pedir perdón, actitudes derivadas de la relación que tenemos con Dios.
Separemos el versículo anterior en tres partes:
- Juan comienza diciendo: “Yo los quiero a ustedes como a hijos”. Pues quien te corrige y hace alguna crítica ha de ser alguien que realmente te ame.
- Continúa diciendo: “Por eso les escribo esta carta, para que no pequen”. Señalar las faltas de los hijos o de los hermanos siempre es mejor hacerlo en privado y no en presencia de otros; es decir, para evitar que vuelvan a cometer un error y no para exhibirlos por ello. Aun así, el mismo respeto que se muestra a la familia en lugares públicos necesita ser mostrado en casa.
- Y termina con: “Pero si alguno peca, Jesucristo es justo y nos defiende ante Dios el Padre”. Porque cuando pecamos, no es simplemente que hayamos dañado o insultado a un ser humano; en realidad, el perdón que necesitamos buscar primeramente es el de Dios.
Parte de la plenitud es evitar perseguir impulsos que sabemos nos llevarán a experimentar angustia, miedo y vergüenza, tanto a nosotros como a los miembros de nuestra familia. Antes de actuar, necesitamos detenernos a pensar cómo afectaría a los demás, así como las disculpas que necesitaremos pedir como consecuencia de decisiones equivocadas. Veamos el siguiente versículo:
1 Juan 2:2 Traducción en lenguaje actual (TLA)
Dios perdona nuestros pecados, y los de todo el mundo, porque Cristo se ofreció voluntariamente para morir por nosotros.
Una vida plena, entonces, no solo está conformada por la realización total de las metas personales, sino que también incluye la seguridad de la salvación del alma. Por tanto, no guarda relación con cumplir todo lo que venga a nuestros pensamientos y vivir sin frenos. En el ámbito cristiano se escucha de vez en cuando decir que, si Cristo murió por nosotros para que Dios perdonara todos nuestros pecados, entonces podemos pecar libremente, ya que, sin importar nuestras acciones, nada nos apartará del amor de Dios.
Invitamos a nuestros lectores a reflexionar sobre las relaciones familiares sanas y qué ocurre cuando un hijo actúa mal dentro del círculo familiar. De la misma manera, considere cuáles son las distintas acciones permitidas y adecuadas para corregirlo hasta antes de la mayoría de edad, cuando puede decidir qué hacer con su vida, pero también afrontar las consecuencias de su forma de vivir. Entonces, adapte usted esta analogía con respecto a Dios como nuestro Padre y sus decisiones, siendo nosotros sus hijos. ¿Nos comportamos como hijos? Veamos el siguiente versículo:
Romanos 8:14 Traducción en lenguaje actual (TLA)
Todos los que viven en obediencia al Espíritu de Dios, son hijos de Dios.
Conclusión
Si logramos todo lo que nos proponemos en esta vida y descuidamos la parte espiritual, en algún momento se dejará escuchar nuestra voz interna diciendo que nos sentimos insatisfechos. Esto es resultado de no vivir en obediencia al Espíritu de Dios, pues esta dualidad es irrenunciable, aunque queramos vivir olvidándonos de nuestro Creador.
La vida plena —en confianza, abundancia y seguridad— para el creyente involucra directamente tener presente en todo tiempo el regreso de Cristo. Por tanto, nuestras acciones deben estar encaminadas con el propósito de llegar a ser hijos adoptados por Dios, como consecuencia de buscar la excelencia en todos los aspectos de nuestra vida. Alcanzar las metas dentro de lo que nos ofrece este mundo jamás será suficiente, pues nosotros tenemos la certeza de estar caminando hacia la eternidad.
Santiago 4:4 Traducción en lenguaje actual (TLA)
Ustedes no aman a Dios, ni lo obedecen. ¿Pero acaso no saben que hacerse amigo del mundo es volverse enemigo de Dios? ¡Pues así es! Si ustedes aman lo malo del mundo, se vuelven enemigos de Dios.
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